¿Se está Córdoba sevillanizando?

De unos años hacia acá, es muy común escuchar comentarios que hace la gente cofrade en Córdoba. Entre amigos, entre dos conocidos que hacía tiempo que no se veían, entre la madre y el padre, entre hermanos de su misma cofradía. Es curioso, algunas veces mucho, el nivel de incoherencia y sinrazón que llegan a alcanzar este tipo de conversaciones. Verdaderas locuras que se precipitan de las bocas de los menos indicados, en su derecho de libertad de expresión. Son muchos los lamentos que “la” Córdoba cofrade suelta al cabo del día, pero sobre todo hay uno que me hace mucha gracia – Tanto que, me van a permitir, que me la tome a chiste-. «Porque que quieres que te diga, Córdoba se está sevillanizando». ¿A ustedes no les hace gracia? a mi, en mi opinión y con el respeto que me merce quien me lee, mucha.

Para empezar, si Córdoba se estuviera sevillanizando, contaríamos con obras sociales como sufragar una operación quirúrgica, el pago de unas gafas, una canastilla de bebé, una beca de estudios, una repatriación o cubrir los gastos de una exequia, como hace la cofradía del Gran Poder. Por no hablar de la Esperanza Macarena, que, sin ser menos, ha destinado este último año de mandato alrededor de medio millón de euros en obras sociales. O la Esperanza de Triana que carga con los gastos de un colegio de niños y niñas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, que lleva su nombre.

Para todo aquel que diga, que eso es normal en hermandades de cierto renombre y en las que tiene una gran nómina de hermanos, siempre existe la posibilidad de centrarse en los proyectos de las cofradías «menos conocidas», como es el caso de la franciscana corporación del Buen Fin, que posee, bajo el nombre de su cofradía, un Centro de Estimulación Precoz. Cuando en Córdoba tengamos unas obras sociales de cierto nivel, regentadas por aquellas hermandades que presumen de un importante patrimonio, entonces pensaré que Córdoba se está sevillanizando.

En el momento en el que, – generalizando, no metamos a todos en el mismo saco – nuestros hermanos mayores y sus respectivas juntas de gobierno dejen de pre ocuparse por querer figurar en la historia de su cofradía más que su predecesor y que se les reconozcas por ser el hermano mayor que más cosas hizo – aunque realmente esto le hace quedar en ridículo ante todos – , aun derribando todo lo que tiene por ahora la hermandad y deshaciéndose así, de todas las personas que se le oponen, cuando nos concienciemos de que tenemos que hacer lo mejor para la hermandad y no para que el apellido de fulanito suene hasta en los confines de la tierra – habría que recordarles a estos mandamases que la avaricia de poder rompe el saco – , cuando eso ocurra, me creeeré que Córdoba se está sevilllanizando.

Cuando nosotros nos valoremos y comencemos a emprender proyectos que buscan un estilo propio, y no inspirado en cualquier paso que hayamos visto. Cuando demostremos verdadera conciencia de fe y reconozcamos que somos cristianos, cuando acudamos a las misas de hermandad todas las semanas (como hacen en Sevilla), entonces comprenderé que digan que nos estamos pareciendo a Sevilla. Cuando hagamos una realidad literal de nuestros proyectos y enriquezcamos así nuestro propio patrimonio, y no vayamos con el pensamiento de cambiarlo en x años, sino que sea para toda la vida, cuando ese mismo patrimonio deje de brillar más que un titular dejándolo en segundo plano, cuando deje de ser motivo de visita un bien patrimonial y vayamos a ver a los titulares, entonces creeré que Córdoba se está sevillinizando. Mientras tanto, no se preocupen todos aquellos preocupados: estamos muy lejos de sevillanizar Córdoba.