Grata sorpresa me he llevado con el anuncio del pregonero de este año. Mi hermano Eloy Moreno. Un anuncio que viene a evidenciar que Córdoba es capaz de tener como pregonero a uno de los nuestros; que no hay necesidad de traer a nadie de fuera. Y no lo digo por forastero, sino por estar fuera de nuestro mundo.
Con Eloy llega la esperanza de tener un pregón nuestro, porque él lo es, uno de los nuestros. Un cofrade de a pie que vive su Semana Santa desde lo más profundo de su ser y que intenta inculcársela a sus dos hijas y a todos aquel que tiene cerca.
Sabe lo que es acostarse y levantarse con los ojos mirando al cielo. Sabe lo que es vestir la túnica y ceñirse un costal. Sabe lo que es comer tempranito para descansar un ratito antes. Sabe lo que es no dormir la noche anterior porque los nervios no te dejan.
Conoce perfectamente el sentimiento que te produce escuchar los primeros acordes de la marcha «Rocío» o cuando una lágrima asoma por tu mejilla por ese momento en el que miras a los ojos a tu Madre Bendita y le agradeces por todo lo bueno; y, por lo malo también, por son sus enseñanzas.
Es consciente del esfuerzo del costalero y del nazareno, pues ambos mundos son suyos. Y es consciente de la importancia que cada uno de ellos tiene en nuestra Semana Santa. Un valor que le hace doblemente merecedor de este nombramiento.
Eloy, esta hermana ya espera impaciente tus palabras en el Gran Teatro. Unas palabras que nos harán recuperar esa esperanza perdida en el pregón.
Ahora sí, Manuel. Ahora, sí.





