Hoy no vengo a hablaros de los Vía Crucis que han surcado las calles de mi ciudad, ni del incienso que se eleva buscando el cielo. Hoy vengo a detener el tiempo en un instante pequeño y eterno, nacido del abrazo sincero de la amistad y del cariño profundo hacia quien pondrá voz al alma de la Semana Santa de Córdoba 2026.
Un puñado de amigos, rocieros de corazón y del sendero de sueños, sentimos que nuestro hermano Eloy merecía algo más que palabras: un recuerdo tejido con vivencias, con risas compartidas, con amaneceres de fe en la Venida del Espíritu Santo.
Y así, entre prisas que latían como el pulso de la emoción, todo fue un sí. Un sí que tomó forma entre manos sabias: las de un capataz y las del orfebre que da vida a la carreta del Simpecao de la Hermandad de Córdoba.

Nació entonces un cordobán de San Rafael, primer peregrino, eterno caminante que abre la senda hacia el Rocío y que corona nuestro Simpecao. Faro encendido en la noche, guía silencioso que nos conduce hasta las mismas puertas del cielo, donde la Madre aguarda con ternura infinita. Y junto a él, un jarrillo humilde y sincero, que calme la voz y abrace la garganta en este domingo en que Córdoba contendrá el aliento, rendida, para escucharte pregonar lo que tantos sentimos y pocos saben decir.
Hermano…hoy el silencio se hace tuyo, y la palabra… también.





