Mucho y muy variado se está hablando por X sobre la procesión de regreso de María Santísima del Rocío tras ser coronada en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla el pasado sábado. Todos los comentarios hechos desde la libertad de expresión que recoge nuestra Constitución, pero escondidos bajo pseudónimos absurdos muchos de ellos. Vaya por delante todo mi respeto hacia ellos.
Mediodía en Sevilla, calor soportable. Parada obligatoria, la Basílica. Suspiros. No tengo nada que decir, señoría. Todo está dicho ya y la leña a otro fuego, que hace calor para tanta candela. Maleta en mano dirección al hotel, check in y directa a la piscina, que hizo que me sintiera como garbanzo en la olla de mi abuela preparando puchero. Comida y a echarse un ratito la siesta.
Café y piscina de nuevo. Otra vez la sensación de ser un garbanzo en la sopa. Toca la ducha y empezar a prepararse. Con un calor que se aguantaba bien, (si este Rocío he sobrevivido, puedo con todo), nos encontramos con la Virgen al final de la Avenida. ¡Qué hermosura vieron mis ojos! ¡Qué olor a nardos y a ese incienso tan especial! ¡Qué alegría en su mirada! Se perdió para ir a la casa de los sevillanos mientras nos dirigíamos al Salvador, esa plaza que es centro neurálgico de charlas de amigos cada vez que vamos a Sevilla y principio de mucho.
El calor se hacía más presente a medida que se acercaba el paso. La multitud de personas y los toldos, que no dejaban pasar el aire, hicieron que la temperatura en ese momento aumentara considerablemente. Pero nada importó cuando apareciste al son del tambor y de la flauta. Nada importó cuando la plaza quedó enmudecida en esa levantá que te llevó hasta la misma puerta del Templo y se entonó la plegaria en las voces del coro y toda la plaza comenzó a cantarle a Ella. Y sí, se tocaron palmas, porque en mi tierra, simbolizan la alegría y todos los allí presentes rezamos dos veces cantando y mostramos nuestra alegría por el hecho de tener ahí, delante nuestra, a la Madre de Dios. Momentos únicos los vivido en ese enclave, donde por derecho, nos acordamos de tantos rocieros de la ciudad de Sevilla que ya gozan de las marismas del cielo, especialmente de Rafa Serna.
Y siguió su camino buscando su casa rodeada de una marea de sevillanos y forasteros que, en ocasiones, molestan más que disfrutan, tengo que decirlo. La moda nueva de ir delante del paso mirando hacia delante, no la entiendo. O eres Cangrejeros (de cangrejo, andando hacia atrás) o vas por el lateral. Pero no molestes. A estas alturas de la película nadie se asusta de una bulla, pero sabiendo y lo más importante, sin molestar. Me gustaría hablar de aquellos que van móvil en mano grabando chicotás enteras. Señores, ¿por qué no disfrutáis de su mirada?, ¿por qué no disfrutáis de su olor? Pensad que el recuerdo está en vosotros, no en un aparato que mañana mismo se puede estropear.
Una paraíta en el camino a tomar un helado del Rayas. Un clásico, vamos. Y de camino a buscarla de nuevo. La madrugá avanzaba y Ella seguía caminando entre un mar de oraciones y corazones henchidos de emoción contenida. Y de pronto… bengalas verdes a sus pies. Color de la esperanza, del camino que nos marca como madre hacia el mismo Redentor. ¿Qué era muy rociero… y? ¿Qué ocurre? Los rocieros queremos a María con todo nuestro ser, no entendemos nuestra vida sin la Madre de Dios en ella. Es parte de nuestro ADN. Y así se lo hicieron saber desde la Hermandad. ¿Qué las bengalas las llevamos delante de los simpecados rocieros? Pues claro, es una ofrenda a la Virgen, porque eso representa en cada una de nuestras ciudades y de nuestros pueblos nuestros simpecados… representa a María, nuestra madre.
Llegó el final y Ella está en su capilla, después de haber sido arropada por aquellos que la miran, le rezan, se enfadan con Ella y le hacen sus confidencias diarias. Aquellos que la buscan para darle las gracias o para pedirle consejo. Los que iban por moda o por cualquier otro motivo, bienvenidos seáis, pero ya os habréis dado cuenta de que sobráis.
Bendita la Hermandad que tiene Sevilla que sin complejos celebró la alegría más grande para un hijo, ver coronada a su madre. Enhorabuena por todo lo que, con gozo, habéis trabajado durante estos años y que, el sábado se vio culminado con una procesión llena de simbolismo y personalidad, tan escasa en esta sociedad tan globalizada. El momento era extraordinario y así lo compartisteis con todos los que íbamos acompañándoos desde el respeto. Para la historia quedará esta procesión extraordinaria. Para mí, desde luego, que no fue una salida más, os puedo asegurar que me llevo mucho y bueno de ese día en el que, como rociera, me uní a vuestro gozo y vuestra alegría.





