La imagen congregó a cientos de personas en sus cinco horas de procesión
La capital andaluza ha vivido este domingo una de las jornadas más esperada cada mes de mayo.
La Ronda de Capuchinos se llenaba de cofrades para vivir la salida de la Divina Pastora, una de las imágenes letíficas con más devoción.
La Madre del Buen Pastor lucía bellísima con un manto rojo bordado en oro, saya verde y el báculo refulgente para guiar al rebaño de la iglesia.
El paso dorado de estilo rocalla brillaba con los rayos de sol de la calurosa tarde dominical, una luz que se extendía hasta los magníficos borregos tallados por Sebastián Santos a mediados del siglo XX que flanquean a la Pastora.
Y, cómo no, el Divino Pastorcillo camino con un borreguillo a la espalda a los pies de su madre, cruzando el característico “risco” o monte de flores que simula el prado o campo de la devoción mariana y pastoreña.
El cortejo recorrió calles de la feligresía tan destacadas como la Avenida de la Cruz Roja, León XIII o Fray Isidoro de Sevilla.
Pero sin lugar a dudas el momento esperado era el paso por la calle Antonio Machín, cuidadosamente decorada para la ocasión con guirnaldas de flores de papel en color azul y blanco expandidas de principio a fin de la vía, junto a balcones engalanados con mantones y estampas de la imagen de gran tamaño.
Allí llegaba la Divina Pastora poco antes de las diez y media, y era recibida con sevillanas, vivas, aplausos y una inmensa petalá que se prolongó durante varios minutos.
La euforia y la emoción por el encuentro de la Virgen con sus vecinos daría paso a la intimidad del final del itinerario para regresar por las calles López Hazme y Muñoz León al convento de Capuchinos, donde late la devoción pastoreña y se cuentan ya los días para volver a pasearla por su barrio.













