Sevilla

Sevilla Laica rechaza, en un patético comunicado, la presencia de la Macarena en el Virgen Macarena y exige el cambio de nombre del hospital

El grupito anticlerical Sevilla Laica, perteneciente al conglomerado de extrema izquierda que habitualmente hace el ridículo manifestando su rechazo irracional a la religiosidad popular andaluza, íntimamente enraizada en nuestra idiosincrasia -por más que les pese-, ha vuelto a hacer gala de sus patéticos complejos utilizando como excusa la maravillosa ofrenda que han hecho siete artistas esenciales para la cultura sevillana al Hospital Virgen Macarena, Nuria Barrera, Javier Jiménez Sánchez Dalp, José Cerezal, José Tomás Pérez Indiano, Irene Dorado, César Ramírez y Pepillo Gutiérrez Aragón: siete cuadros de la Virgen de la Esperanza que inundan de arte y fe la UCI del complejo universitario. Una presencia que sirve de ayuda inequívoca para todos aquellos pacientes que profesan la religión cristiana sin que ello suponga agravio alguno para quienes tengan otras creencias, en base al lógico respeto que en democracia ha de existir a los sentimientos de los demás. Ningún daño hace la presencia de la Virgen en el hospital al no creyente y en cambio puede suponer una importante ayuda para quien sí lo es en los momentos especialmente delicados que tienen lugar en un enclave de esta índole.

Lejos de importarle lo más mínimo esta circunstancia, este grupito que vive a costa de provocar ha emitido un comunicado mostrando su queja y afirmando que el mural «infringe la aconfesionalidad del Estado establecida en el artículo 16.3 de la Constitución», afirmación absolutamente falsa y ridícula que se multiplica por mucho subrayando que el propio nombre del hospital es «inapropiado en un Estado aconfesional». Es decir, según Sevilla Laica el Hospital Virgen Macarena no puede llamarse Hospital Virgen Macarena. La patética nota de prensa afirma que la presencia de la Virgen demuestra que «los responsables sanitarios han optado por decorar el lugar de mejorar las condiciones de atención a los usuarios y de trabajo para el personal sanitario», mezclando de manera torticera churras con merinas para intentar justificar su absurda salida de pata de banco.

Porque confundir “aconfesionalidad” con “laicismo”, demuestra la incompetencia de quien enarbola el argumento. El primer concepto, según establece el mencionado artículo 16,3 de la Constitución Española implementa el principio de aconfesionalidad del Estado declarando que, “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Frente a esta premisa respetuosa con el pensamiento de los demás, que se ampara en la propia esencia de libertad, imposible de comprender para filofascistas –de los de verdad- que pretenden imponer su pensamiento sectario, el laicismo busca excluir el factor religioso del ámbito público, relegándolo a la esfera estrictamente privada de la conciencia individual. Esa es la madre del cordero. Los laicistas, como buenos totalitarios, pretender impedirle a usted y a mí manifestar sus creencias en público obligándonos a todos a ser cristianos en voz baja, sin molestarles. Devolvernos a las catacumbas y convertirnos en proscritos perseguidos por su verdad absoluta impuesta.

No contentos con el espantoso ridículo, los individuos que se esconden bajo estas siglas afirman que la presencia de la Macarena es una «falta de respeto a los usuarios del servicio público de salud por el hecho de ostentar distintas religiones o ninguna» y concluyen el grotesco comunicado «exigiendo» que se cambie el nombre de cualquier edificio público que tenga nombre de imagen religiosa volviendo a demostrar que existe un sector perfectamente definido de la sociedad actual cuyo único objetivo es prohibir, de manera totalitaria, a los cristianos y a los cofrades manifestar públicamente sus creencias.

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