Sevilla

Sevilla y Triana rezan a María el Día de la Hispanidad

Dos Glorias con mayúsculas recorrieron el centro y el arrabal en una tarde pletórica

El Día de la Hispanidad, y el de Nuestra Señora del Pilar, se ha vivido en Sevilla como es costumbre en la ciudad, paseando por sus barrios a la Madre del Señor en sus distintas advocaciones.

Junto a la triunfal salida Extraordinaria de la Virgen de Gracia y Esperanza de la Hermandad de San Roque, dos de las Glorias más señeras de la capital andaluza han visitado sus respectivas feligresías: Las Vírgenes del Pilar (en el centro), y Madre de Dios del Rosario (en Triana).

La primera en pisar las calles sevillanas era la Imagen de la Virgen del Pilar, que presidía su espléndido paso llevado por la cuadrilla de costaleros que comanda Antonio Santiago.

Virgen del Pilar en la tarde de su festividad. Foto: Alejandro Sigüenza.

La filial hispalense de la Patrona de Zaragoza ha procesionado por lugares tan conocidos como San Pedro, El Pozo Santo o el entorno de la calle Feria.

Algunos de los momentos más especiales de la salida se vivían a la llegada de la Virgen a San Juan de la Palma, presentando su afecto a los Titulares de las Hermandades de la Amargura y Vírgenes de la Cabeza y Montemayor.

En el otra orilla del Guadalquivir, Madre de Dios del Rosario derrochaba elegancia y gracia por las calles del arrabal trianero, partiendo a media tarde de la Real Parroquia de Santa Ana.

Bello plano de Madre de Dios del Rosario en la anochedida del Día de la Hispanidad. Foto: Alejandro Sigüenza.

Destacaron, como en años precedentes, los saludos en la Capilla de la Estrella y en la de los Marineros (Esperanza de Triana), con los inmejorables sones de las Bandas de las Tres Caídas (Cruz Alzada) y el Maestro Tejera (paso).

Los vecinos se volcaron con la Patrona de Capataces y Costaleros a lo largo del itinerario, especialmente en la calle San Jacinto, abarrotada de personas para ver a la Imagen Letífica.

Ambas devociones, Pilar y Rosario, completaron una jornada exquisita donde los rincones de esta tierra volvieron a sonar, oler y sentir a la misma Gloria.