La crónica | Sol y calor para un Vía Crucis de postal

La Hiniesta salda la deuda de ir a la catedral con su crucificado el primer lunes de Cuaresma

La cofradía de los callejones, del azul y plata, de la muralla y de la niñez evocada ha grabado hoy a fuego un hito en su historia.

La Hermandad de la Hiniesta ha anticipado un Domingo de Ramos, en tiempo y forma, presidiendo uno de los mejores Vía Crucis de las Hermandades que se recuerda.

Todo ha sido perfecto en torno a la corporación de San Julián, desde la puesta en escena del Cristo de la Buena Muerte en vertical sobre unas andas engalanadas con lirios morados, hasta la belleza del recorrido y el cumplimiento escrupuloso de los horarios.

La Cruz de Guía iniciaba la jornada a las cuatro y cuarto de la tarde, momento en el que cruzaba la ojiva del templo para ganar los primeros metros de un día inolvidable.

El público acompañó al cortejo desde su salida, destacando la gran presencia de devotos y cofrades en el entorno de la catedral, así como de regreso al barrio.

El tiempo ha sido otro de los protagonistas, pues ha ofrecido un espectáculo visual con un sol propio de los días del gozo que evocara el maestro Antonio Burgos, recordando las estampas idílicas de esos benditos días.

Las horas iban ganando peso y la tarde avanzaba hasta un anochecer de temperaturas suaves, mientras el crucificado se aproximaba a la Santa Iglesia Catedral tras visitar las iglesias de Santa Marina, Montesión o La Lanzada.

Sobre las ocho de la tarde accedía el cortejo a la Seo hispalense, y con la llegada del Señor empezaba el recorrido por las catorce estaciones, representadas por sendas cruces de distintas cofradías de la capital andaluza.

En esta cita estuvieron presentes las autoridades políticas con el alcalde José Luis Sanz a la cabeza, junto a la curia religiosa antecedida por el arzobispo, los obispos auxiliares y el consejo de hermandades.

El prelado sevillano, Monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha definido a la imagen del Cristo de la Buena Muerte como “portentosa”, destacando que «El rostro del Cristo de la Buena Muerte se refleja en el de cada persona humillada y ofendida”.

Pasadas las nueve y media de la noche salía el crucificado de Antonio Castillo Lastrucci por la puerta de Campanillas de la catedral, una de las sorpresas de este Vía Crucis 2026 al estar la Puerta de Palos inoperativa por las labores de mantenimiento de las azucenas de la Giralda.

Y justo antes de este momento, el Señor saludaba a la Patrona de la Archidiócesis, Nuestra Señora de los Reyes, en la restaurada Capilla Real.

La cofradía de San Julián volvía a casa por un recorrido sentimental por la Alfalfa, la Plaza del Cristo de Burgos o Doña María Coronel, para adentrarse por los callejones próximos a la parroquia.

Sobrepasadas las doce y media de la noche y sin tiempo oficial, el Cristo de la Buena Muerte entraba en su templo despidiéndose de una Sevilla emocionada que espera ansiosa un nuevo Domingo de Ramos.