Sor Ángela de la Cruz, la Santa más sevillana

El 5 de noviembre la iglesia celebra la festividad de Santa Ángela de la Cruz en memoria de que fue precisamente el 5 de noviembre de 1982 cuando Juan Pablo II beatificó a Sor Ángela. Dos décadas después, en 2002, la Iglesia reconoció su santidad, siendo canonizada al año siguiente en Madrid, el 4 de mayo de 2003, por el propio Juan Pablo II. Un acto de justicia con la fundadora de la congregación de las Hermanas de la Cruz, una congregación concebida para propiciar ayuda a los más necesitados y enfermos. 

Nació en la Plaza de Santa Lucía número 5 de Sevilla, el 30 de enero de 1846, siendo bautizada tres días después en la iglesia de Santa Lucía (Sevilla), con el nombre de María de los Ángeles Martina de la Santísima Trinidad. Su familia era muy modesta; su padre, Francisco Guerrero de profesión cardador de lana, nació en Grazalema y había emigrado a Sevilla; su madre, Josefa González, era sevillana, hija de padres nacidos en Arahal y Zafra. Tuvo catorce hermanos, aunque solamente seis alcanzaron la edad adulta; los otros ocho fallecieron durante la infancia, circunstancia entonces habitual, pues existía una alta tasa de mortalidad infantil.

Su padre trabajó durante un tiempo al servicio del convento de los frailes de la Trinidad, falleció cuando Ángela era pequeña, su madre también trabajó al servicio de los frailes como lavandera y costurera y murió ya anciana. Ángela recibió una instrucción escolar escasa, como era habitual por aquel entonces entre las niñas pertenecientes a su clase social; a los 12 años entró a trabajar en un taller de fabricación de calzado para contribuir a la economía familiar, allí permaneció hasta los 29 años de forma casi ininterrumpida. A los 16 entró en contacto con el padre José Torres Padilla, un sacerdote nacido en Canarias y afincado en Sevilla con fama de santidad, el cual tendría una influencia decisiva en su vocación religiosa. El padre Torres se convirtió en su confesor y director espiritual. A los 19 años solicitó la entrada como lega en un convento de Carmelitas Descalzas y no fue admitida; cuatro años después lo intentó otra vez, 

Fue por tanto a los 23 años cuando logró incorporarse a la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que la llevaron a vivir en diferentes ciudades españolas. Periplo del que tuvo que regresar a Sevilla al encontrase enferma, curándose nada más llegar a su tierra, desapareciendo los síntomas de la enfermedad. En 1873 concibió la idea de fundar una compañía religiosa, que tomó forma dos años más tarde con el alquiler de una habitación en la casa número 13 de la calle San Luis.

Sor Ángela y tres compañeras más organizaron allí una asistencia diaria, las 24 horas del día, para los más necesitados. Un trabajo que ganó en intensidad años después con la epidemia de la viruela que tuvo lugar en Sevilla en 1876, precisamente el año en el que el Cardenal Spínola admite y bendice la obra. A las monjas de Santa Ángela era y es habitual verlas en pareja por las calles, pues así se estableció. El modo de trabajo de la congregación consistía en acudir por parejas a casa de los enfermos que las necesitaban. Una atendía al paciente sentada a su lado, la segunda realizaba las actividades del hogar. Su dirección era siempre la casa de algún necesitado. A resultas de la encomiable labor desarrollada, el Papa León XIII concedió el Decreto Inicial para la aprobación de la Compañía de la Cruz, que firmó Pío X en 1904. 

Falleció el 2 de marzo de 1932 como consecuencia de un accidente cerebrovascular, personas de todas las clases sociales rindieron homenaje a la hoy Santa que, por privilegio del Gobierno de la Segunda República Española, fue sepultada en la cripta de la Casa Madre en Sevilla, situada entre la Iglesia del Cristo de Burgos y San Juan de la Palma, donde se venera a María Santísima de la Amargura, una de las grandes devociones de esta maravillosa mujer que han heredado sus sucesoras, como se pudo comprobar en 2010, cuando la Amargura bajo a la tierra para rodearse de ángeles. Dos días después de su entierro, el Ayuntamiento republicano de la ciudad de Sevilla, presidido por el alcalde don José González y Fernández de la Bandera, decidió por unanimidad que constase en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte de la religiosa y decidió se rotulase con su nombre la entonces llamada calle Alcázares, donde estaba y continúa el convento.

También es de sobra conocida la vinculación de la congregación con la Hermandad de la Esperanza Macarena, siendo la Comunidad religiosa madrina de la Coronación Canónica de la Virgen, que tuvo lugar el 31 de mayo de 1964. Por este motivo la corporación celebra cada 5 de noviembre, Fiesta Litúrgica de Santa Ángela de la Cruz, una Misa Solemne como muestra de gratitud y reconocimiento permanente por este hecho. Posee además la hermandad Macarena una imagen de la Santa de Ricardo Rivera, que está situada normalmente en el altar del Cristo de la Salvación, los armaos rinden culto cada Jueves Santo en su desfile por Sevilla y la llegada de la Esperanza a la Casa de los Ángeles en la tierra, como afirmó hasta el propio Antonio Santiago en una ocasión en una levantá ante su puerta, es una de las estampas más emocionantes que pueda ver cualquier persona. 

El 20 de diciembre de 2002, la Iglesia reconoció oficialmente su santidad, al aprobar el milagro que le había sido atribuido, la curación, científicamente inexplicada, de un niño que sufría una obstrucción de la arteria central de la retina del ojo derecho y recuperó repentinamente la visión. El 8 de mayo de 2003, el cuerpo incorrupto de la Santa es trasladado desde la Casa Madre hasta la Catedral de Sevilla, donde presidió los actos en su honor, por la canonización. Una gran multitud se concentró a su paso, adornándose los templos y calles del recorrido para la ocasión. Tras la ceremonia fue trasladado de nuevo a la Casa Madre donde permanece expuesto de forma permanente a la veneración de los fieles.