Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

Sueño de Navidad

El nazareno sabe que no siempre se camina en la procesión. Hay muchos momentos de parón en los que toca aguantar cintura y párpados que caen. Bien lo sabe también el costalero cuando, en la oscuridad bajo las gualdrapas, hace enormes esfuerzos, apoyado en la trabajadera, para no dejarse vencer por el sueño. Y estos días de Navidad suponen uno de esos parones. Y cuesta trabajo ganarle al sopor que se va apoderando del nazareno, que siente por momentos que se nubla su mirada bajo el cubrerrostro…

De pronto abre los ojos como alertado por este pequeño desliz; e intenta recomponerse en su túnica, volviendo a poner vertical su capirote.

Pero parece que todo es distinto, mágico. Ya no hay cansancio. Y se ve todo de otra manera en la procesión.

Parece que hay más nazarenos en las filas; nazarenos a los que no les ha afectado el que en este 2020 no haya habido procesiones ni cultos con el esplendor acostumbrado. Nazarenos ilusionados y con la suficiente convicción de su papel en esta procesión como para poder aguantar un nuevo parón en esta próxima Cuaresma y Semana Santa del año que estrenamos. Nazarenos que saben en lo más profundo de sí el papel que desarrollan día a día en sus hermandades. Nazarenos que acuden a postrarse ante sus Titulares sin necesidad de un motivo o de una fecha señalada. Y nazarenos que participan en las numerosas actividades que sus hermandades organizan para mantener viva la Fe de sus hermanos, la Entrega a los demás y la Tradición que heredaron de sus mayores y que tienen la obligación de dejar a quienes vengan detrás de nosotros.

Y la gente vuelve a estar en las calles como siempre, aunque parece que están algo más calladas, como sabiendo perfectamente dónde están y qué es lo que están presenciando. Se les oye hablar de la cantidad de personas con devoción que se han juntado en aquella plaza de la iglesia para ver salir la procesión; y que la Carrera Oficial está de bote en bote, con palcos llenos de familias y amigos esperando ver llegar a la Imagen de su devoción. Y un grupo de cordobesas morenas y guapas hacen planes para vestir la mantilla el Jueves Santo, acompañadas de sus parejas perfectamente trajeadas de clásicas maneras, para ir de sus brazos a los Oficios.

De repente escucho a la gente murmurar… parece que hubo alguna idea extraña para poder sacar las procesiones a la calle si la cosa seguía complicada. Parece que hablaban de una representación mínima de cada hermandad, vestidos de paisano; no más de veinte hermanos, sin los Titulares; sólo con el Estandarte y el Libro de Reglas… y puede que con Presidencia, eso sí. Menos mal que esa idea no cuajó porque parece que recordaron a tiempo el «espectáculo» que la Hermandad de la Vera Cruz de nuestra ciudad vecina realizó hace unos años cuando, motivado por la lluvia, llevaron hasta la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral el Lignum Crucis como único Titular, con los capataces escoltándola junto al nazareno que la portaba. Me parece escuchar que en las hermandades hubo bofetadas por ser uno de los elegidos para participar en esa «procesión», aunque fuese de esa manera. Pero bueno, parece que todo quedó en una propuesta, en un mal sueño.

Noto cómo la gente ya no está preocupada por virus, vacunas y confinamientos, sino por darle un sentido realmente cristiano a todo lo que rodea a las Hermandades. Parece que ya no hay miedo a no volver a vivir la Semana Santa «como Dios manda» (entiéndase como siempre la hemos conocido). Quizás «como Dios manda» sea de esta manera, sin prestar tanta atención al bordado nuevo, a la chicotá de tres marchas, al izquierdazo -no confundir con zurdazo- y a las flores a María. Igual este nazareno se equivoca, pero puede que «como Dios mande» sea prestando atención al que está a tu lado y te necesita, sonriendo a quien mira la misma procesión que tú, respetándonos todos en las calles, y prestando más atención al Mensaje que al mensajero o a la forma en la que nos llega ese Mensaje.

Por un instante se me viene a la mente la imagen de los Hermanos Mayores reunidos en la Agrupación de Cofradías, escuchando la decisión que ha salido desde el Obispado sobre un tema esencial para la Semana Santa de nuestra ciudad, aunque no logro saber de qué se trata. Lo que sí veo claramente es cómo todos, sin excepción, se sienten bajo la autoridad de quien dirige la Iglesia en Córdoba y comparten lo que están escuchando, sin que ninguno pretenda tomar decisiones al margen o de manera colegiada con otras autoridades. Como si de repente los Hermanos Mayores hubieran tomado conciencia de su papel dentro de la Iglesia y de la Hermandad a la que representan. Velando por sus hermanos y por la Hermandad a la que representan, que no a «su» Hermandad, ya que no es de su propiedad; y dejando de lado egocentrismos y egolatrías, protagonismos vanos y fútiles que no van a darle un mejor lugar en la muy pequeña y doméstica Historia de su Cofradía.

De pronto siento una mano en mi hombro y una voz que me dice bajito: «hermano, que volvemos a caminar». Entonces abro los ojos, esta vez de verdad, y me doy cuenta de que esta última chicotá ha sido un sueño; más bien un deseo. Un anhelo y una ilusión… como aquellas ilusiones que plasmábamos de pequeños en la Carta a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.

Pues sirva este Sueño de Navidad como deseo para esta nueva Estación de Penitencia que comenzamos todos a andar, cada uno en su itinerario, cada uno a su Templo, pero como dice mi hermano y amigo… «Siempre de Frente».

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