Vuelve a suspirar el ángel, sobrevolando las torres que se erigen por los cuatro puntos cardinales a la sombra de Sierra Morena, a caballo entre el hartazgo y la esperanza de que nuevos suspiros agiten conciencias y propicien cambios en el sentimiento de hastío que se propaga como una plaga sin que nadie se atreva a fumigarla.
Suspira el querubín divertido por quienes llegaron ocultando su bandera y engañaron hasta aquellos a quienes ahora mueven la silla. Suspira porque las revoluciones traen consecuencias, el cambio genera miedo y los apoyos se difuminan a medida que crece la sensación de haber sido estafado.
Suspira divertido, observando desde la distancia, cómo se enseña la puerta de salida a quienes tanto tiempo acompasaron ilusiones camino de la otra orilla del río, mientras se redactan comunicados que multiplican los abrazos y ocultan las puñaladas y los años de prueba.





