El Respiradero, 💙 Opinión

Te esperaré siempre

Te escribo de madrugada en una noche lluviosa. Justo a la hora en la que dentro de una semana nos reencontraríamos. Ha pasado el tiempo desde la última noche de abril. He soñado tanto el reencuentro que creía que nunca llegaría. Se quedaría en un bonito sueño que sería feliz así. Nunca podría saber si todo lo que pasó aquella noche de primavera se vivió o se soñó. Qué importa. Si lo único que nos dejó fue el recuerdo.

Consciente de que este año no nos veremos, no quiero pensarte con la impaciencia que tendría otra noche como la de hoy. Si no, acabaría en el vértigo de los días, las semanas, los meses, las estaciones y el año que volvería a reencontrarnos y así devolvernos lo soñado.

Quiero recordarte con la esperanza certera de volvernos a encontrar inesperadamente. De perderme por los callejones de tu barrio. Oír de lejos tu murmullo y guiarme por el sonido para llegar hacia Tí. Entonces el mundo se reduciría a la distancia de nuestras miradas.

Nada importaba. La noche estaba para dejarse llevar. Entonces la cal de las casas intentaban atrapar la luz de la candelería. Las flores de los balcones envidiaban aquellas gardenias del palio del Museo. Doña Guiomar volvía a concentrar la bulla de jóvenes incansables presos de amores de juventud que iban a buscarte para empaparse de un amor que siempre encontraron correspondido.

Todo es perfecto en la vuelta de la Virgen de las Aguas. La luz, los olores, la música. Esos tus ojos que alumbran el firmamento. En pocas horas se viven tantos sentimientos que alcanzamos un gozo que derrota a la razón.

Pero seguro que yo no voy a ser el que más te eche de menos. En aquella bulla tuya de altas horas, todos los años hay un joven que va a tu encuentro a la altura de Molviedro. Desde allí pone rienda suelta a su corazón. Se a llevar al son que tus costaleros imprimen e intenta que las horas hagan eterna entre los dos.

Todos los años a la altura de Gravina o Pedro del Toro espera a una muchacha de su misma edad. Ella también lo espera. Las miradas osn avivadas, las palabras cortas y el tacto tímido y breve pero inigualable.

Coincidieron en las clases y los pasillos de alguna facultad. Nadie los presento. Sus coincidencias tenían poca importancia en aquellos monótonas mañanas. El difuminado recuerdo de una conversación en grupo. Y el olvido.

Hasta aquellas noches de Lunes Santo que volvieron a coincidir. Se conocen de sobra casi sin haber hablado. Solo necesitan aquel momento de la noche más romántica para saber que hay algo especial. No saben si es la magia de la Virgen de las Aguas. Pero aunque intenten forzar el encuentro solo se reencuentran en la noche del Lunes Santo.

Este año no habrá vuelta del Museo. Y la esquina de Pedro del Toro quedará huérfana de estos dos enamorados. Pero ellos a eso de las dos de la mañana se pensarán. Quizás una lágrima suelta. Una punzada fuerte en el corazón. Y la esperanza de que al año que viene aquella esquina y aquella Virgen vuelva a llenar de magia y cubrir el vacío de dos almas que tienen ahora el mismo pensamiento. Te esperaré siempre.

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