El viejo costal, Opinión

Tic, tac, una y otra vez…

Hoy he visto caer las primeras hojas de un árbol, aviso adelantado de la llegada del otoño, o del final del verano, adelantado por faltar aún algo más de una quincena para que sea oficialmente otoño.

Es inevitable el pasar de los días, y he visto como esa humilde hoja muere, muere como parte intrínseca de su propia vida, me hace reflexionar sobre nosotros, como humanos que somos, y que a propósito, torpemente nos olvidamos de todo, absolutamente de todo, hasta de la misma muerte, engañándonos y llegando a creer que nuestra vida será eterna.

No quiero con esto hacer que consideremos toda nuestra vida como un camino a la muerte, no es la vida un proceso de agonía, la muerte está ahí, ni la voy a temer, ni la voy a desear, solo está al final .

¿Os habéis dado cuenta que los dos momentos más solitarios del hombre, son el momento de nacer y el momento de fallecer?, y es que la vida y la muerte son dos extremos, dos puntos de los que no podemos prescindir, dos inseparables instantes que todos, incluida esa hoja caída, debemos de recorrer.

El reloj sigue con su imparable tic, tac, acercándonos a pequeños pasos, cortos, segundo a segundo , cambio de estación tras cambio de estación, y como decía el trovador “tras de tiempos llegan tiempos…” y nosotros solo podemos ver con desespero cómo se nos acerca el último momento.

Yo, desde siempre he procurado en mi día a día no acumular perjuicios sobre la muerte, por lo que lo que para otros puede ser tétrico, yo procuro verlo como una parte misma del proceso de vivir, vida y muerte, cara y cruz de nuestro entorno, a pesar de que todos le damos de lado, a esta última parte, haciendo que nuestra vida sea casi una mentira, al menos que dando la espalda a esta certeza, nos olvidemos del final, y vivamos con una venda en los ojos, sin llegar a ver la realidad.

Es necesario recorrer cada faceta de nuestra vida, es necesario pasar de la primavera al verano, pasar por el otoño y recorrer todo el invierno, estación tras estación, acumulando experiencias, viviendo la vida, dejando que el tiempo pase, y desembarcar en el fin, con la experiencias acumuladas, incluida la certeza de nuestra muerte.

No tenemos preparado nuestro espíritu, ya que vivimos solo para nuestros cuerpos, nuestra alma permanece aletargada, quizás olvidada en un rincón perdido de nuestra mente, y solo recurrimos a ella, a su preparación, en los últimos días de nuestras vidas, cuando ya se ha quedado entumecida y acartonada, por el olvido a la que la hemos sometido durante años.

¿Será mi alma la cruz que Jesús me pide que porte junto a Él?, creo que debe de ser así, no puede ser de otra manera, para tener como cierta la única esperanza existente después de la muerte, la cierta resurrección, puerta de salvación que nos dio el Padre, creer es lo mismo que tener por cierto, esta certeza hace que la buena pueda ser la misma muerte.

Recordad a cada tic, que le seguirá con certeza un tac, recordad que es nuestra alma la que nos hará superar ese momento ineludible, final de nuestra vida, o inicio de la vida eterna, debemos de dejar olvidado algo más al cuerpo, y trabajar la que será nuestra inseparable compañera, la única que superará ese amargo trance, vamos a evitar tenerla aletargada, olvidada, vamos a ejercitarla cada día, cada momento.

A cada tic, a cada tac…

El viejo costal