La procesión recorrerá el entorno de Capuchinos tras el triduo eucarístico y volverá a contar con el Dulce Nombre de Jesús acompañando al Santísimo Sacramento en un segundo paso
La Hermandad del Císter de Córdoba volverá a situar en el centro de su vida cultual una de sus celebraciones más reconocidas con la salida de la tradicional Procesión del Corpus Chiquito, prevista para el próximo domingo 14 de junio, en coincidencia con la Octava del Corpus Christi. La corporación completará así el ciclo de sus cultos eucarísticos con una manifestación pública de fe centrada en la adoración y exaltación del Santísimo Sacramento del Altar, que volverá a recorrer el entorno de Capuchinos en un cortejo en el que el Dulce Nombre de Jesús ocupará nuevamente un lugar destacado en el segundo paso.
La jornada comenzará a las 11:00 horas con la celebración del tercer y último día del Triduo a Jesús Sacramentado, acto culminante de los cultos organizados por la hermandad. Una vez concluida la función religiosa, y en torno a las 11:45 horas, se iniciará la procesión, configurándose como uno de los momentos de mayor relevancia espiritual dentro del calendario de la corporación.
El Dulce Nombre de Jesús volverá a acompañar al Santísimo Sacramento en un segundo paso
La procesión contará, un año más, con la presencia del Dulce Nombre de Jesús, obra de Antonio Eslava, que acompañará al Santísimo Sacramento en un segundo paso, consolidando una disposición ya habitual en esta cita eucarística. La imagen infantil se integra así en el cortejo como elemento de especial valor catequético y devocional, subrayando el carácter pedagógico de la procesión y su vinculación con la espiritualidad sacramental que define a la corporación.
El itinerario se iniciará en la Plaza de Capuchinos y continuará por Nuestra Señora de la Paz y Esperanza, Bailío, calle Carbonell y Morand, Plaza del Cardenal Toledo, Ramírez de las Casas Deza, calle Conde de Torres Cabrera, Plaza de las Doblas y regresará nuevamente a la Plaza de Capuchinos, donde se producirá la bendición con Su Divina Majestad, punto culminante del recorrido procesional.
Estrenos patrimoniales para el Dulce Nombre de Jesús en una jornada eucarística singular
La edición de este año estará marcada por un destacado estreno patrimonial vinculado al Dulce Nombre de Jesús, que incorporará por primera vez un conjunto de potencias, túnica y cíngulo destinado a enriquecer su ajuar.
Las potencias en plata han sido realizadas por Manuel Aguilera Villanueva, la túnica ha sido bordada por los talleres de Bordados Santa Clara de Sevilla, y el cíngulo es obra de Sergio Guzmán. El conjunto ha sido diseñado por Jesús Zurita, configurando una intervención unitaria de notable coherencia estética. Estas piezas han sido donadas por Alfonso Manuel Muñoz Rodríguez, teniente hermano mayor y director artístico de la corporación, quien ha asumido la autoría de esta aportación patrimonial.
La Banda María Santísima de la Esperanza y la dirección de la cuadrilla a cargo de José Ramírez Ariza
El acompañamiento musical de la procesión correrá a cargo de la Banda de Música “María Santísima de la Esperanza”, que aportará su magnífico repertorio al discurrir del cortejo eucarístico por las calles del entorno de Capuchinos, contribuyendo a reforzar el ambiente de solemnidad propio de esta cita.
La dirección de los pasos estará dirigida por el capataz José Ramírez Ariza, al frente de su equipo de capataces, responsables de coordinar tanto el paso del Santísimo Sacramento como el del Dulce Nombre de Jesús, garantizando el desarrollo ordenado de la procesión.
El Corpus Chiquito como expresión del centro sacramental de la Hermandad del Císter
La celebración del Corpus Chiquito volverá a proyectar, una vez más, la esencia más profunda de la Hermandad del Císter de Córdoba, cuyo eje fundacional se sostiene en la centralidad absoluta del culto eucarístico. La procesión, concebida como prolongación viva del Triduo Sacramentado, reafirma el carácter eminentemente sacramental de la corporación, en la que la adoración al Santísimo Sacramento del Altar no constituye únicamente un acto puntual, sino el núcleo permanente de su identidad espiritual, doctrinal y devocional, expresado públicamente en una de las manifestaciones más significativas de su calendario anual.





