La Hermandad de la Salutación de Málaga ha abierto la puerta a la incorporación a su cortejo vistiendo el hábito penitencial de la corporación a todos aquellos que quieran participar en el mismo, sean o no sean miembros de ésta. La controversia está servida, y más si es en un tema tan sensible como el uso de un elemento de identidad como es la túnica.
En mi opinión, la túnica es nuestra segunda piel durante las estaciones de penitencia, lo que dejamos que se vea para que no se nos reconozca, pero si que nos identifique como devotos de nuestros respectivos titulares.
No es clasista querer tener el privilegio y el orgullo de portar la túnica sabiendo que, cada día, en mayor o menor medida, colaboramos con nuestra Hermandad, incluso, hay multitud de hermanos que llevan su túnica en la última morada, puesta como en cualquier estación de penitencia.
Si queremos evitar el «postureo» que tanto abunda, no se puede permitir el hecho de que alguien llegue un día de Cuaresma y, si le apetece salir de procesión ese año, reserve una túnica para sacarse fotos y fanfarronear con su grupo de seguidores de redes sociales.
No se muy bien qué motivo lleva a la corporación malagueña para reservar túnicas a aquellos que no colaboran en el mantenimiento de la Hdad de manera económica, ¿será por engrandecer el cortejo? Y se me ocurren otras preguntas: ¿pagarán papeleta de sitio? ¿portarán insignias o irán en sitios «privilegiados»?
Quizás yo esté equivocado y en ningún momento quiero juzgar el anuncio que ha realizado la Salutación a través de sus redes sociales, ya que realmente no sé lo que ha llevado a la misma a esta decisión, pero sí que considero la túnica como algo exclusivo para los hermanos, al igual que cualquier símbolo de la corporación como los escudos o la medalla.
Y ahora yo pregunto, ¿qué es la túnica para ustedes?





