En mi Huerto de los olivos, Opinión

Un 8 de septiembre

Como el que no quiere la cosa, el tiempo es impasible y sigue su caminar sin mirar atrás y sin esperar a nadie. Por mucho que queramos solo nos quedan los recuerdos, porque la caída continua de segundos es incesante e insensata para nuestras edades.

Y así de esta manera solo nos quedan 107 días para la Natividad del Hijo de Dios de nuevo. Y a la misma vez que escribo este artículo de hoy miro el reloj y su chicotá eterna es incansable y continua en el caminar…

Así, cuando echo la vista atrás a esos recuerdos que de vez en cuando se vienen a mi memoria, el sonido de las campanitas de barro que sus momentos de vida real eran muy pequeños por los avatares de esos personajes que éramos de niños.

Nuestro nerviosismo por tocar y hacer que nuestra campanita fuese la más sonora y en muchas ocasiones en la más odiada por más de un familiar a nuestro alrededor, y cuando la vida de la campanita acababa, a ese familiar le retozaba una sonrisa de tranquilidad y descanso que era difícil de entender para ese niño o niña.

No menos inquietante era la visita al Santuario y no precisamente por ver a la Virgen de la Fuensanta, en aquel entonces desangelado altar mayor, que decía mucho, aunque para un niño decía poco. Lo conmovedor era ver aquel cocodrilo que sigue allí colgado y que el paso del tiempo dejaba con algún hueco más en su cuerpo doblado y deformado. Nuestros padres después de sus oraciones de rigor ante la imagen de aquella Virgen pequeña nos pasaban al patio a ver el animal que tanto estupor nos creaba. 

Al pasar los años, ya nos parábamos un poco más y leíamos la leyenda de aquel reptil y el porque de la leyenda, además de rezar a la Virgen de la Fuensanta por no sé qué…

Así llegamos a nuestros días y esta festividad que en algunos años se ha convertido en la reivindicación política de algunos dejando la festividad religiosa al margen, debe de ser lo que debe de ser, una festividad religiosa con su verbena sin politizar ni mediatizar tanto.

Los que quieran disfrutar de sus actos religiosos que lo hagan y el resto que no quieran celebrar sus actos religiosos pues que respeten como debe de ser hoy en día porque cada uno somos como somos y somos libres de tener las creencias que cada uno quiera tener, así de sencillo y simple.

Disfruten lo que vivieron, disfruten respetando a los demás, yo me seguiré quedando con mis visitas a la Virgen o mi cara perpleja mirando un cocodrilo en mi niñez o mi campanita sonando como si estuviese en un campanario lleno de ilusión y sencillez o la entrada de la Virgen en un paso a la plaza de su nombre a los sones de la marcha Encarnación Coronada.

Sean felices y extrapólenlo, no se lo guarden solo para ustedes.