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La Chicotá de Nandel, 💙 Opinión

Un año en la eternidad

Se morirá agusto uno, dejando lo que has dejado. Eso diría el mismo Ricardo. ¡Tus quejas se quejan aún sin estar! Y es que hay quejas que claman al mismo cielo, donde tú estás.

¿Tendrá poca vergüenza Rafa Cuevas adornando su plaza de San Nicolás? ¡Que desde el cielo Doña Amelia esté cuidando el nombre de tu plaza, porque Rafa no ha caído en eso?

Y encima, el coronavirus, Ricardo. Pues te escribo para decirte que sí, que el virus existe pero, como tú negabas, es cristiano.

No hubo más tontos que capirotes por las calles, no quiso más quien más pudo, no vale ya el dinero más que el amor. Tu amigo el del chalet, ahora, es uno más que pasea… Yo no sé ya ni la edad que tiene, es como Julio Iglesias, pero eso sí, mucho peor conservado.

Coronavirus o no, siempre hubo quien te quiso y despedirse no pudo. Que lloró desde un infierno zaragozano. Tu escudero. Tu amigo. Tu complemento. Y es por él por quién hoy te escribo.

Hace ya un año que te fuiste, y se que no dejaste nada olvidado. Aquellas máquinas, familia, amigos, allegados. Diversidad de oraciones, que agradeces, pero, no es que dejaste a un lado. Es que la vida a veces, a los genios, para darles su sitio, se pone así, de costado.

Mármol, genial, ya ha entendido que no vale con el corazón en la mano, que la vida es ser quien digas, quien te presente, quien te avale. Las personas de corazón, ni valen, ni en su hermandad caben.

Ahora, que volverá, y reiremos como nadie sin tu permiso, que anda que no eras nadie, mandando en todo, hasta en la risa o el desaire… Reír o llorar. Ahora de poco, o de mucho vale, eso quién lo sabe.

Necesitarían mil poemas, programas, esculturas, salones y aperturas, todas ellas con sus clausuras… Diciendo, pregonando tu nombre. Y tú, dirías que no estarías de acuerdo con ninguna. Yo lo sé.

Tu amigo, hijo, amado adoptivo y creado solo por el amor y para el amor de la amistad, el arte, y ser candil de ayuda para una abuela, Antonio… También se quedaría petrificado con alguna obra cumbre que te regalaran, de esas que regalan los romanos a los judíos, o los judíos a los romanos. Quizá por aparentar.

Es un año difícil, y la verdad, no se han observado tus obras. Es un año terrible. A ver quién hubiera aguantado un confinamiento, con la vida que llevabas. Dicho de otra forma, a ver si era el confinamiento capaz de aguantarte.

Te quiero y sabes que siempre te lo he dicho. Que mandes protección a toda tu Córdoba, sabes que te lo deseo desde que te fuiste.

Salud, trabajo, o trabajo que es salud es lo que te vamos a pedir. Y sobre todo, que nos cuides a nuestra abuela, Amelia, que al menos, con ella, sabemos que vas a estar más controlado en cuanto a sueño y descanso. Ese descanso en el que Córdoba se halla desde que te fuiste. El del arte. El de una prórroga. Pero tranquilo que alguien, Antonio, seguramente seguirá respirando sueños, argumentando realidades.

Mármol está bien, muy bien, y sí, al final, no viniste a la coronación. Pero, sabes que desde el cielo, sea cuando sea, serán tus manos las que dejen caer esa corona.

Pues tú sabes que Ella, recita versos de antaño cuando ve tu sonrisa, la de tu madre, la de tu plaza, y no la que ahora lleva tu nombre, sino, capuchinos. Donde siempre se escucharán tus pisadas, esas que, como apunta Rafa Cuevas, eran de galope. Ahora ya no hay prisa, pues a quien ibas a ver, está contigo, y a quien tenías que cuidar… A Amelia, a tu amor, tampoco le importa la espera de tu llegada.

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