Córdoba, Galerias

Un auténtico museo que discurre una vez al año por las calles de la ciudad

Si existe una cofradía en Córdoba cuyo cortejo merece la admiración y la observación desapasionada de los cofrades cordobeses, esta es la Hermandad del Señor de la Caridad. Su guión procesional es un auténtico museo que discurre una vez al año por las calles de la ciudad. Un patrimonio heredado que, lamentablemente, suele pasar desapercibido entre buena parte del público que se congrega en masa para ver discurrir a la cofradía sin prestar el interés que merece su cortejo nazareno y sobre todo los valiosos atributos que portan.

Pero las cosas son como son, y el tiempo nos ha venido a recordar a muchos cofrades osados que durante años nos hemos permitido el lujo de exigir a la Cofradía de la Caridad cómo debe ser olvidando y negando como en realidad es, que solamente la propia corporación de San Francisco tiene la potestad de seguir perpetuando sine die la presencia tras su imponente crucificado de ese reclamo extracofrade que es tan criticado por los capillitas, como venerado por el gran público.

He de reconocer que jamás me ha interesado ni ver desfilar a los legionarios ni los múltiples malabares que hacen con sus armas, que cada vez que pasa el Señor delante mía, me giro de derecha a izquierda instintivamente para seguir observándolo hasta que mi vista deja de alcanzarlo, haciendo caso omiso de lo que viene detrás. Y que siempre he soñado presenciar su caminar al compás de una buena banda de cornetas y tambores. Pero también reconozco que, a medida que he ido cumpliendo años, he ido aprendiendo a respetar su presencia, primero porque no tengo ningún derecho a imponer mi criterio a los demás y segundo, y mucho más importante, porque si la Hermandad así lo quiere, así debe ser.

Hay que reconocer que, en cualquier caso, la cofradía ha encontrado, en Juan Rodríguez Aguilar, al capataz perfecto para adecuar el caminar singular del paso del Señor de la Caridad a los sones marciales del Tercio del Gran Capitán, conformando una estampa única y diversa que indiscutiblemente es uno de los grandes atractivos de la Semana Santa de Córdoba.