Una de las apuestas más arriesgadas adoptada por una Junta de Gobierno de una cofradía cordobesa en las últimas décadas fue la que llevó a cabo el equipo que preside Manuel Rafael Fernández Aguilar hermano mayor de Las Angustias, cuando tomó la decisión de sustituir la presencia de una banda de música por una de cornetas y tambores para acompañar al maravilloso conjunto escultórico que tallase Juan de Mesa.
Años después de aquella controvertida decisión, que hizo correr ríos de tinta y provocó enconadas reacciones encontradas entre defensores de una y otra postura, y aunque siguen permaneciendo dos corrientes de opinión, en opinión de quien les habla resulta obvio que aquella elección, además de extremadamente valiente, fue todo un acierto.
El caminar del misterio, porque se trata de un misterio, de las Angustias tiene la dosis perfecta de firmeza y al mismo tiempo demuestra una dulzura sumamente singular, que se compenetra a la perfección con la manera de interpretar de la Banda de Cornetas y Tambores Coronación de Espinas, con la que, con el paso del tiempo, ha logrado mimetizarse de manera espectacular.
Una mezcla que es la metáfora perfecta de María, Reina y al mismo tiempo Madre, que se muestra infinitamente dolorida llevando en sus brazos a su hijo inerte pero con la inmensa fortaleza de quien se sabe guía espiritual y Luz Universal, única capaz de guiar al sendero que conduce al paraíso en el que gobierna el Hijo de Dios.
La sublimación de ese halo de hermandad señorial, que acompaña a la Corporación de San Agustín en todo su devenir por las calles de la ciudad desde que su espectacular cruz de guía atraviesa el cancel de su sede canónica, hasta que el último nazareno ha regresado a casa después de derrochar grandeza y distinción, por las calles de toda la ciudad.





