Córdoba

Un perfume imperecedero que resulta imprescindible proteger y preservar

La Hermandad de Jesús Caído es una de esas joyas clásicas, con un sabor inconfundiblemente cordobés, que forma parte de los tesoros que jamás deben perderse. Un deseo que en absoluto es incongruente con la incorporación de nuevas formas de entender la Semana Santa sino más bien complementario. El hecho de que la realidad cofrade de nuestra ciudad se haya ido adaptando a una estética más acorde con el gusto del cofrade contemporáneo no debe ir jamás en detrimento de la conservación de algunas de las señas de identidad de las cofradías más tradicionales.

Una verdad irrefutable que incluso capataces de la nueva hornada, como Jesús Ortigosa ha sido capaz de entender y asimilar al hacerse cargo del paso Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, dotado de un clasicismo que el joven, aunque experimentado capataz, ha respetado a la perfección en su primera toma de contacto como capataz del palio de la corporación de San Cayetano. Solventado un pequeño contratiempo, que provocó un extraño en el palio, inmediatamente antes de llegar al palquillo de entrada, y acompañado su caminar por el siempre magnífico repertorio desarrollado por la extraordinaria Banda de María Santísima de la Esperanza, la cuadrilla que manda Ortigosa demostró una vez más su categoría, evidenciando que la elección de la Junta de Gobierno fue acertada cuando pensó en él para hacerse cargo del palio de la Madre de Jesús Caído.

Lo mismo puede afirmarse de la forma en que se desenvuelve el primer paso de la cofradía. Con un sabor genuino, perfectamente reconocible, con reminiscencias de antaño, que la cofradía de la Cuesta de San Cayetano debe conservar y perpetuar en el tiempo en aras de no perder la verdadera esencia que destila su historia. La mano de Manuel Orozco, siempre acompañado del mítico Rafael Muñoz, es guardiana de esa tradición, de ese pozo de verdad cofrade, de auténtico sabor a Córdoba, mucho más importante que llevar toreros charlando y haciendo vídeos tras el Señor. El excelente contrapunto proporcionado por la Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta, que jamás decepciona, puso el resto conformando un conjunto excelente. Un perfume imperecedero que resulta imprescindible proteger y preservar.

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