Córdoba, Galerias

Un lujo al alcance de Córdoba

La Hermandad del Cristo de Gracia se encuentra celebrando un año esencial, con la celebración del cuarto centenario de la llegada del imponente crucificado del Alpargate al corazón trinitario de la ciudad de San Rafael. Un año histórico que la Hermandad está celebrando con múltiples acontecimientos, algunos multitudinarios y otros celebrados de manera más íntima. Entre los primeros de ellos se encuentra la estación de penitencia que la Corporación ha vivido este Jueves Santo. Una cita multitudinaria en la que miles de cordobeses agarrotado a lo largo de todo su itinerario el devenir por las calles de la ciudad de una de las cofradías más queridas de la Córdoba Cofrade.

Aroma de barrio inconfundible el que destila la cofradía trinitaria que se potencia por el estilo genuino y singular que su agrupación musical derrama en todas y cada una de sus actuaciones y de manera singular cuando acompaña camino de la Santa Iglesia Catedral al Divino Esparraguero. Marchas como «Perdona a tu Pueblo»,  «Sabed que Vendrá», «Oh Pecador» o «Ave María» han acompañado el caminar del impresionante crucificado cuyo ha mostrado en sugerente y original exorno floral en el que no han faltado los tradicionales espárragos.

A hombros de la que probablemente es la mejor cuadrilla de Córdoba, creada, conformada y mandada por Luís Miguel Carrión «Curro», el Cristo de Gracia convocó a la oración a golpe de chicotá, provocando la admiración unánime del público cofrade que espera siempre con impaciencia el instante en el que el crucificado mejicano derrama su esencia costalera desde su magnífico altar itinerante gótico, lo que le confiere la condición de único en la ciudad, fruto de la creatividad del cordobés Miguel Arjona. Una de las joyas más destacadas del patrimonio colectivo de las cofradías cordobesas que lo convierte en una pieza magnífica.

Con «La Oración en el Huerto», «Alma de Dios», «Creo en Jesús» y «Virgen de las Angustias», el Cristo de Gracia llegó al palquillo de entrada camino de la Santa Iglesia Catedral, dejando en los miles de cordobeses que se congregaron en su presencia la huella de la satisfacción y el regusto dulce del trabajo bien hecho, de la fe convertida en música, costal, cirio y compás, y de la emoción contenida. Un lujo al alcance de Córdoba, que la hermandad del Esparraguero nos regala cada año.