La Sevilla cofrade se ha encontraba de sopetón el pasado 6 de agosto con una triste noticia que removía el sentimiento de buena parte de los que la componen. Miguel Loreto Bejarano, eterno capataz del paso de misterio del Señor de la Sentencia de la Hermandad de la Macarena, había fallecido a los 68 años de edad.
Apenas unos meses después, una hermosa iniciativa permitirá rendir un sincero homenaje póstumo e imperecedero a un hombre esencial para los macarenos. Será a través de la bendición de un azulejo que será colocado en la calle Parras, junto a la antigua Tertulia de Costaleros Macarenos que el mismo Loreto dirigió y que será bendecido este viernes al término de la eucaristía de las 20:30. En el acto tomarán parte el hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero y el rector de la Basílica, Antonio J. Mellet. Un azulejo que traduce una suerte de justicia poética con una figura inolvidable y que ha sido financiado mediante las aportaciones de muchos costaleros y amigos. Habida cuenta de que se ha recaudado más de lo necesario, el resto será donado a la Obra Social de la Hermandad, a nombre del propio Loreto.
Capataz del primer paso de la Corporación de San Gil desde 1980, abandonó su cargo 33 años después de una manera sencilla, tal cual desarrolló toda su existencia. En los últimos años de su vida un ictus afectó su capacidad física y sobre todo su memoria, pese a lo cual mantuvo siempre la raza que caracterizó su idiosincrasia hasta el último día de su vida.
Macareno de casta, siempre tuvo presente al Señor de la Sentencia con el que mantenía una relación singular y cercana «como con un amigo más» decían algunos de sus conocidos. Ya se cuentan por decenas las muestras de condolencia de cofrades y hermandades que se multiplican por las redes sociales, entre las que destacan, como no podía ser de otro modo las de la Hermandad a la que dedicó su vida y la de la Centuria Macarena.
Como era de sobra conocido, vivió los últimos años de su vida en el Hospital de la Caridad. A partir de ahora, Sevilla recordará en una de sus calles más cofrades a uno de sus hombres de negro más ilustres, a uno de sus grandes capataces. Miguel Loreto, que se encuentra junto a su Señor de la Sentencia, probablemente continuará charlando con Él de sus cosas.





