Un conjunto impecable concebido para convocar a la introspección y la oración

El pasado 24 de septiembre adelantamos en Gente de Paz el nombramiento de Manuel Jiménez como vestidor de la Virgen de la Victoria de Puente Genil. Una designación extremadamente especial en virtud del cual Jiménez ha vuelto a dejar su impronta en la fisionomía de la belleza que tallase Juan Ventura en el año 1986. Conocida es la singular vinculación del artista con la imagen, por ser artífice de la llegada de la dolorosa en la Puente Genil y por ser sus manos las que ataviaron a la Virgen para el primer reportaje que el mítico Fernand realizó, protagonizado por la imagen, en el mismo taller de Juan Ventura.

Más de tres décadas después la belleza incalculable de la Virgen de la Victoria vuelve a ser potenciada hasta el extremo por el vestidor cordobés, en esta ocasión con motivo de la llegada del mes de los difuntos, motivo por el cual la Virgen viste una saya negra lisa de terciopelo regalada por un hermano. Además, estrena un espectacular tocado de tablas, elaborado en seda salvaje de color crudo combinado con una malla dorada.

Una combinación que muestra a la Virgen «poderosa», en todo su esplendor, una verdad irrefutable que en absoluto está reñida con el hecho de estar vestida de luto. Luce además una antigua diadema, puñal, ambos del orfebre sevillano Manuel de los Ríos, de 1986, y en su mano un pañuelo de ganchillo. Todo ello para conformar un conjunto impecable concebido para convocar a la introspección y la oración, fin esencial de toda la obra de Manuel Jiménez como vestidor a lo largo de todo su magisterio.