En mi Huerto de los olivos, 💙 Opinión

Un día como el de hoy será Viernes de Dolores

Me encuentro caminando y con la mirada mirando a no se qué, pero mi mirada no está pérdida, sólo busca un horizonte nuevo al cual aferrarme después de la última Semana Santa. Por más que escucho marchas en mi móvil, por más que busco imágenes a las cuales sacar un significado, me cuesta trabajo encontrar sentido a los dos años que llevábamos sin Semana Santa. Bueno, disculpen, Semana Santa sí hemos tenido, tanto el año pasado como éste, me refiero a las cofradías en la calle.

Por más que esas marchas procesionales me traen a la reminiscencia, momentos que antes eran magníficos, ahora pienso qué hemos hecho tan mal para merecernos esta segunda Semana Santa sin procesiones. Sin poder dar testimonio público en forma de catequesis itinerante de nuestra fe. Que sí, que se lo que me van a decir. Me refiero a la esencia de nuestras hermandades caminando por las vías de nuestra metrópoli.

Así el azahar se ha deshojado de sus pequeñas bolitas blancas que engalanaban a los naranjos. Y sin querer, él también se ha dado cuenta que ya ha pasado nuestra y su semana más importante de nuestras vidas. Hablo con amigos y amigas qué les ha parecido esta Semana Santa y hay sentires diversos para todos los gustos. Si fuese crítico taurino diría que hay división de opiniones.

Unos que no le gusta este sucedáneo, unas que qué duro se está haciendo este camino, otros que prefieren esto y otras que nos podemos ver después de casi un año sin poder hacerlo. Cierto, y lo mejor o peor de todo es que todos y todas tienen su parte de gnosis. Pero la añoranza, la nostalgia, la melancolía que se les ve a unas y unos en los ojos, ese es la verdadera efusión que veo, que no vivimos de igual manera.

Tuvimos momentos para rezar ante ellos, no hacía falta esperar en una cola sin sentido, que yo la hice, desde que abrieron las parroquias e iglesias que podíamos visitar. Filas demasiado largas llenas de espera para al final ante Ellos solo un instante sin poder tener un momento de tranquilidad. Y hubo altares montados por sus priostes y mayordomos que fueron preciosos. Pero… 

La Semana Santa que ustedes y yo conocemos, es con las Cofradías en la calle. Nazarenos, cirios, músicos, marchas, pregones, pregoneros, carteles, fotógrafos, flores, floristas, orfebrería, artistas, pasos, capataces, mantillas, torrijas, pestiños, pipas, bocadillos en el Bocadi, rincones, plazas, calles, saetas, lluvia de pétalos, encuentros, esperas, casas encaladas y engalanadas, azahar, naranjos, Mezquita Catedral, judería, Carrera Oficial, unos ciriales vociferando la llegada, una genuflexión, sillas, palcos, tortilla de patatas en el Santos, lata de refresco, botella de agua, perrito caliente en Lucas, puestos itinerantes de frutos secos y gominolas, simpecado, “bacalao”, jardines, monjas tras una ventana, balcones con colgaduras, casullas, incienso ¡ay! ese olor, carbón, guantes, estampita, caramelos, canastilla, pabilo, miradas tras un antifaz, rosario en una mano, cruz de compañera de una estación de penitencia, lágrimas por ver y lágrimas por los que no verán, un helado, cornetas, tambores, trompetas, uniformes, túnicas, vaso de lata, caña, punto de relevo, esfuerzo, nazarenos de ida y de vuelta, programa de mano, niños con su bola de cera, una levantá, una fila de nazarenos casi perfecta, una chicotá, el abrazo de un costalero a otro debajo de un paso, una mirada entre el hueco de un respiradero, el rezo ante una imagen con la penitencia de una lágrima, candelerías radiantes, cañas encendiendo esas candelerías, el incesante e incansable lagrimeo de un cirio, te echo de menos, por favor vuelve pronto…

Me marcho esta semana, sean felices y extrapólenlo, seguiremos rezando para que un día como hoy será Viernes de Dolores.

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