Un Miércoles Santo de sustos e incidentes

El Miércoles Santo es el día en que los niños aprenden el significado de la cruz. No entienden que es la muerte porque no ven más allá de la belleza inerte de Cristo en el madero. La luz es la cancela que abre el ecuador de la Semana Santa. A diferencia del año pasado, las templada temperatura hizo disfrutar de un Miércoles Santo hermoso en el que la esencia de todas las cofradías se proyectaron en una vorágine para guardar en el mejor cajón de la memoria.

La primera en sacar su cruz de guía fue la hermandad de la Sed. El barrio de Nervión se agolpa para ver esta temprana salida en la que paren nazarenos de fondo. Volvió por segundo año la Banda del Rosario de Cádiz que ayudó al mejor lucimiento del Cristo de la Sed por las calles del centro. La gente se perdía en el interminable fondo de los ojos azules de la Virgen del Rosario y el anhelo del nuevo manto de salido era ya muy insistente. El susto inicial por el cajillo del Cristo, se solventó con presteza, permitiendo que la cofradía pudiera desarrollar con normalidad su estación de penitencia.

En las calles del arrabal de San Bernardo se amontonaron numerosos cofrades. La calle ancha reúne a antiguos vecinos del barrio y a amigos que sin quedar tienen su encuentro en El Miguelete. El Dios de la cabeza todopoderosa llamaba la atención de los niños que querían acercarse a Él. El palio de la Virgen del Refugio lucía con fulgor los respiraderos restaurados. Increíble la luz que proyectaba en la tarde sevillana subiendo el puente. También estrenó la marcha ‘María Santísima del Refugio’ de López Gándara que ya da de hablar desde antes.

Buen discurrir del misterio del Carmen Doloroso por la Cuesta del Bacalao con la Agrupación Musical Virgen de los Reyes. El Señor de la Paz estrenaba nuevas potencias.

Sólo vale ver y callar cuando la hermandad del Buen Fin pasa por la Plaza de San Lorenzo. La cofradía franciscana a parte ser sobradamente una buena hermandad demostró un buen comportamiento en la calle. El regreso es de la cofradía es desconocido para muchos cofrades y caló entre los que allí que se encontraban.

La capilla del Baratillo concentró a muchos cofrades en la calle Adriano. Aquí no hay diferencia entre una tarde de Miércoles Santo y una tarde de toros. El palio de la Virgen de la Caridad dio el pellizco a Sevilla precedida de numerosos nazarenos.

Elegancia innata de la cofradía del Cristo de Burgos. Los niños volvieron a sorprenderse con Cristo en la cruz. Y vieron que no sólo la belleza viene en una canastilla dorada. El incienso trasladaba a otra dimensión y el broche del Miércoles Santo fue la joya de Madre de Dios de la Palma. Cada chicotá del palio es una batalla ganada a favor de la excelencia. El regreso por Sales y Ferré y  la Plaza de San Pedro fue un momento mágico de la jornada.

Los otros dos misterios del Miércoles Santo son de los mejores de la Semana Santa. Y lo corroboraron en la noche del Miércoles. Triana para la Lanzada y Cigarreras para el Prendimiento de la cofradía de los Panaderos. Ambas cofradías tienen en su cortejo el instrumento que sigue exagerando la grandeza de estos dos misterios. Al igual que los primeros pasos, los palios de la Virgen del Buen Fin y la Virgen de Regla se movieron con sin igual elegancia.

Ambas cofradías fueron protagonistas de la jornada por los dos incidentes que sufrieron. En la salida de la hermandad de los Panaderos se cayó el olivo a causa de estar en estado putrefacto, lo que provocó un severo retraso que tuvo incidencias en el resto de la jornada. Mientras un candelabro del misterio de la Lanzada se descolgó y tuvo que ser retirado en la esquina de la Avenida con García de Vinuesa.