Fernando Vaquero ha vuelto a poner los sentimientos a flor de piel con una nueva joya dedicada a María Santísima y su Bendito Hijo. Un cartel que, en esta ocasión, nos lleva hasta la localidad albaceteña de Hellín, donde la Hermandad del Mayor Dolor cumple su 75 Aniversario.
Vaquero ha explicado que esta nueva obra viene inspirada en una frase que escuchó “en los actos del centenario de la marcha Amarguras, donde el presentador hablaba de como aquella marcha había ido calando poco a poco en el pueblo, de como la gente, década a década, la había ido haciendo suya y de como aquella composición ya había “echado raíces” en el mundo cofrade musical hasta convertirse en un clásico”. De ahí, y de su inspiración en el cuadro de Botticcelli “La primavera”, ha titulado a este nuevo cuadro “Echar raíces”.

En la pintura, un óleo sobre tabla de 120×89 cm, se puede apreciar tímidamente la composición de tríptico, pero que en realidad no es nada más que una ilusión en la inmensa naturaleza. El artista ha querido desgranar poco a poco este regalo pictórico, comenzando por el arte del bordado, conjugando la saya y manto con las ramas en el logo del 75 aniversario realizado por Irene Dorado. Ramas sacadas del propio manto de la Virgen del Dolor, haciendo clara alusión a las raíces que ha echado esta Hermandad en la localidad. El genial artista ha querido que el cuerpo de nazarenos también esté presente en este magnífico cartel, pintando “el fajín de la Virgen del color de la túnica”.
En cuanto a orfebrería, destaca Vaquero la corona de la Señora, repleta de ornamentos vegetales “que a los sevillanos nos recuerda tanto a la de nuestra Virgen del Valle” y que “guarda una relación directa con el color predominante de este cartel, el verde, pues verde esmeralda son las piedras que la decoran”. Aquí se observa también la unión entre el cartel y el logo, presente en las dos palomas que aparecen junto a la presea. También ha querido plasmar dos candelabros del paso del Señor de la Misericordia “que parecen allá abajo salir de la propia tierra, crecer hasta convertirse en candelabros para iluminar su rostro”.
En cuanto a la imaginería, destaca la idea del autor de presentar a Jesús de la Misericordia naciendo directamente de la naturaleza, de un árbol con sus raíces… un árbol que dio sus frutos en los corazones de los hellineros. De un árbol nació también la cruz que cargó Nuestro Señor, una cruz sobre la que reposa “la que se considera la primera pintura cristiana de la historia: el paño de la verónica, donde se dibujó por primera vez el rostro de Cristo, el rostro de Jesús del Gran Poder”. Vaquero, que de nuevo ha alumbrado una nueva y magistral creación, nos vuelve a regalar una obra cargada de simbolismo y verdad. Una obra que al observarla te hace sentir ese pellizco que debe provocar una obra de arte.





