Ocurrió en la localidad italiana de Pinerolo durante la Santa Misa de la Epifanía del Señor, el pasado 6 de enero. Ante la presencia de autoridades civiles y de otras creencias religiosas, en la «Misa de los pueblos», como la denominó el prelado Derio Olivero, pero también ante multitud de fieles, pidió tras la homilía que rezaran «en silencio» el Credo por la presencia de aquellas personas no católicas.
Los feligreses, atónitos, siguieron el deseo del obispo italiano, si bien se mostraron extrañados ante éste por el lugar donde estaban, la propia catedral, el principal templo de una Diócesis católica.
El obispo defiende en declaraciones a un periódico local que no se vulneró la liturgia, ya que mientras los católicos rezaban en silencio el Credo, los «valdenses y ortodoxos presentes podían proclamar algo en lo que ellos creen, todo en silencio». Tras esta declaración, explicó y confirmó su absoluta «fidelidad al Misal católico», si bien, no deja de sorprender la omisión de una de las principales oraciones de nuestra fe en una de las principales eucaristías de la Iglesia.





