La cuenta de Instagram La Córdoba Olvidada, dedicada a la divulgación y a rescatar curiosidades sobre la religiosidad popular cordobesa menos conocida, ha sorprendido este Jueves de Corpus con la publicación de un interesante estudio del investigador Luis Méndez Rodríguez, en el que se revela el abismo que separa la celebración actual del Corpus en la ciudad de la que se vivía en el siglo XVII. Lejos de la sobriedad y el esquema litúrgico que hoy caracteriza a esta solemnidad, la festividad del Corpus Christi en la Córdoba del Siglo de Oro adquiría proporciones teatrales, festivas y catequéticas de insólita riqueza visual.
El Corpus barroco: una catequesis en movimiento
El estudio pone de manifiesto el carácter profundamente catequético del Corpus en el XVII, con un cortejo rebosante de simbolismo visual, teatralidad e innovación técnica. A diferencia de la sobriedad actual, aquellas procesiones estaban repletas de arte efímero y maquinaria escénica, con una fuerte intención evangelizadora y pedagógica. La ciudad se convertía en un gran escenario para proclamar públicamente los dogmas de la Eucaristía, con la implicación directa del Cabildo Catedral y del Cabildo municipal.


Una muestra excepcional de ese esplendor es el pliego que ilustra la publicación y que documenta las fiestas del Corpus de 1677, en el que aparecen diseños de figuras animadas —auténticas “máquinas teatrales” barrocas— que formaban parte de un arco triunfal instalado en la calle Feria. Este tipo de artefactos, concebidos para el asombro popular, muestran hasta qué punto el Corpus era entonces una fiesta total, en la que se implicaban las artes plásticas, la arquitectura efímera, la danza y la música.
Las figuras animadas del Corpus de 1677
El documento recoge los diseños realizados por el maestro Ginés de Godoy, vecino de Córdoba y residente en la collación de Santa María la Mayor, quien fue contratado por el Ayuntamiento para construir un conjunto de “figuras con movimiento” que habrían de colocarse en uno de los arcos efímeros de la procesión. Este encargo formó parte de las fastuosas fiestas celebradas en los años 1676 y 1677, en una época en la que la ciudad volcaba todos sus recursos para engalanar las calles al paso del Santísimo Sacramento.
El pliego conserva cinco grupos escultóricos móviles, combinados con una fuente y un “sacramento asentado sobre un risco”, todos ellos ejecutados a lápiz de manera abocetada pero con especial atención en los rostros. Cada grupo aparece identificado con un título escrito a tinta que indica si la escena representada poseía o no movimiento, aportando así un testimonio gráfico de altísimo valor documental. Las figuras estaban concebidas para decorar uno de los arcos triunfales que adornaban la calle Feria durante la procesión del Corpus.
Danzas, música y teatralidad
No se trataba solo de ornamentación visual. El Corpus en Córdoba también era una fiesta coreográfica, como se evidencia en las conocidas danzas “de cuenta y cascabel”, documentadas como parte integral del cortejo. Estas danzas, encargadas por ambas instituciones capitulares, abrían paso a los distintos tramos de la procesión y quedaron testimoniadas incluso en la base de la custodia procesional, donde se inscribieron referencias a estos bailes a comienzos del siglo XVIII.
Un legado olvidado que hoy resurge
Gracias a la labor de difusión de La Córdoba Olvidada y a la investigación de Luis Méndez Rodríguez, vuelve a emerger este fascinante patrimonio inmaterial, artístico y religioso que durante siglos formó parte de la identidad de Córdoba. Frente a la escueta procesión actual, lo que este estudio rescata es la memoria de una celebración que desbordaba los límites del rito para convertirse en un verdadero espectáculo catequético, donde lo sagrado y lo popular se daban la mano en una exaltación de la Eucaristía que conquistaba todos los sentidos.
Una memoria que, ahora redescubierta, nos interpela a valorar el pasado en su justa medida y a contemplar con nuevos ojos la historia de nuestras tradiciones.





