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Opinión, Racheando

Un soplo de aire fresco llamado Fernández Cabrero

No todos los días se recibe una carta de un Hermano Mayor de una centenaria corporación explicando el por qué de una decisión tomada de cara a uno de los cultos más multitudinarios de la ciudad de Sevilla.

José Antonio Fernández Cabrero ha conseguido acercar a los hermanos – esos de los que muchos se han olvidado – las decisiones de las Juntas de aquellos que gobiernan las corporaciones a golpe de decretazo y de “ordeno y mando” sin dar más importancia a lo que los que reciben los mandatos puedan pensar (a no ser que haya elecciones cerca). Y es que una corporación no deja de ser como Parlamento: los que mandan, los grupos de oposición a todo, los que quieren mandar, y con los que sólo cuentan cuando se acerca el momento de depositar el voto en la Urna, y eso, si es que existe la democracia interna que tanto añoran en algunos puntos del norte del país.

Esas juntas de oficiales oscurantistas, con decisiones tomadas desde sus privilegiados puestos, ven con recelo – y de eso estoy seguro – las actuaciones que Fernández Cabrero ha llevado a cabo en la Hermandad de la Macarena. Y no han sido otras que acercar a los hermanos a sus titulares.

Todos alaban la última decisión tomada de cara al Besamanos de María Stma de la Esperanza Macarena. Crear un turno único para hermanos, acercarles a los titulares, presenciar en profunda oración la bajada del altar de plata de la Madre de Dios como se hace cada primer jueves de mes con su Hijo, entre otras actuaciones y, además, no olvidarse de la devoción que mueve la Señora en Sevilla intentando acortar el tiempo de espera en las colas para besar su Bendita Mano. La Obra Asistencial de la Macarena no dejará de crecer mientras se la necesite, y está visto que con este Hermano Mayor, nunca faltará un macareno ayudando donde se necesite.

El Hermano Mayor de la Macarena ha sido el soplo de aire fresco para que muchas otras hermandades sigan ejemplo de como hacer sus mandatos transparentes, y trabajar tanto para el patrimonio de todos, como el más importante, como es el personal, eliminando diferencias entre hermanos, siendo absolutamente iguales todos, desde el costalero de un paso hasta el hermano mayor, pasando por cada una de las secciones de una Hermandad.

Ojalá la brisa sople por todas esas corporaciones, donde algunos quieren más una vara y medalla dorada, a cumplir el mandato encomendado: trabajar por y para la Hermandad, y no por el crecimiento propio.

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