El viejo costal, 💙 Opinión

¿Un tesoro?

No puedo menos que sonreír cada vez que recuerdo la primera vez que llevando en brazos a mi nieta Alma, cuando apenas contaba tres años, le enseñé la habitación donde mi hermandad tiene guardado el paso de misterio, junto a las imágenes que acompañan a nuestro Señor Resucitado, y como ella al ver tan cerca el dorado del paso, los romanos cerca de la entrada, se le figuró que aquella habitación según sus inocentes palabras era “la habitación del tesoro”.

Entre risas intenté explicarle que no era ese el tesoro más importante de la hermandad, y desde entonces ando preguntándome ¿cuál será el mayor tesoro del que dispone una hermandad?, y la verdad existen posibilidades para todos los gustos, para los cofrades pequeños de edad y los que también lo son de mentalidad, lo más valioso de la hermandad son los pasos, grandes barcos, pesados palios, ambos con infinitos costaleros e interminables horas de calle en el día de la salida, una buena banda y poco más.

Para otros cofrades más evolucionados, su tesoro lo forman los titulares de su hermandad, que necesariamente estarán realizados por el más insigne imaginero de la época de su hechura, además de ser una obra de arte, venerada, ha de tener un incalculable valor económico, similar al valor artístico.

Otros creen que la unión de lo anteriores párrafos, a los que hay que añadir la perfección del guion en la salida procesional, hábitos perfectos y hermanos de luz perfectamente distribuidos, sin mirar hacía atrás, alineados, pues estos creen que esto es lo que le da mayor valor a su hermandad.

¿Pero qué sería de todos estos cofrades al inicio de las primeras hermandades?, aquellas primeras hermandades no tenían, ni paso, ni titulares, no tenían hábitos, si acaso velas y la mayoría de las veces ramas verdes, esas hermandades primarias son las que dieron origen a todo lo existente en la actualidad.

Para estas hermandades su tesoro era el hermano, al que cuidaba durante la vida, le ayudaban durante la enfermedad y la muerte, solo seguido muy de cerca por los actos cultuales, y sus procesiones muchas veces solo tras una sencilla cruz y en algunos casos tras un estandarte, expresión mínima, para finalidad tan grande.

En la actualidad muchas hermandades, y muchas juntas de gobierno se han centrado únicamente en la parte del tesoro, pasos, imágenes de titulares, bandas, hábitos, centrados en esos erróneos tesoros se olvidan del hermano, único y auténtico tesoro de la hermandad.

Gracias a D. Antonio Cantero Muñoz, autor del libro presentado ayer en Santa Marina de las Aguas Santas con el título “El origen de la religiosidad popular en Santa Marina en torno al Resucitado” que nos explica el lugar destacado en el siglo XV de las hermandades, mientras unas exigían ser de noble familia para ser hermano, otras en cambio no pedían nada. Estas que no exigían nobleza a sus componentes además realizaban labores de asistencia social para con todos sus hermanos, labores que en la actualidad tienen asignadas entidades municipales, autonómicas o gubernamentales, inexistentes en aquellas fechas.

Estos cofrades sí sabían perfectamente cuál era su auténtico tesoro, y yo cuando se lo explico a mi pequeña Alma, ella con su inocencia infinita me dice “claro mi hermana Candela es mi tesoro” y yo sonrío y le doy la razón, apagando las luces de la habitación donde se guarda el paso y mientras cierro la puerta, me doy perfecta cuenta que los niños son el auténtico tesoro de las hermandades, los hermanos y los niños, nuestros mejores tesoros.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup