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Una Comunidad Musulmana de Sevilla reclama al Obispo de Córdoba y al Vaticano el uso compartido de la Mezquita Catedral

Envía una carta al Obispado en la que pretende que ambas religiones recen en el templo y afirma que «la Mezquita-Catedral de Córdoba no puede ser botín de guerra que un rey regala, ni un lugar donde se perpetúe la victoria de unos sobre otros, ni un trofeo de guerra, sino un lugar de culto que una a los hombres en torno a Dios»

La Comunidad de fieles de la Mezquita Ishbilia (Sevilla) ha remitido un escrito al Obispo de Córdoba, al Cardenal Primado de España, al Nuncio del Vaticano en España y a Su Santidad Francisco I, para reivindicar el uso compartido de la Mezquita de Córdoba.

La carta, remitida por la comunidad a Gente de Paz, explica con detalle el sufrimiento y las luchas que han protagonizado cristianos y musulmanes, criticando esta hostilidad y apostando por la unidad entre los creyentes de ambos sectores. «Sobre la tierra española, durante siglos, se vertió la sangre de musulmanes y católicos, hubo guerras injustas y crueles, se produjeron genocidios, exterminios y otros delitos execrables, pero también hubo un encuentro que hermanó a musulmanes y cristianos, que los hizo más sabios y más dignos, que mezcló la misma sangre que se derramaba y que los fundió y confundió hasta hacer de ellos gemelos idénticos», explica la carta.

Este texto, que asegura que «en todo español hay un andalusí escondido en su corazón, recuerdo del pasado, aunque no lo reconozca y en todo musulmán anida la añoranza del pasado de Al Ándalus» y añade que «la historia no debe ser la excusa para no entendernos, ni comprendernos ni amarnos», representa una nueva polémica en torno a la Mezquita de Córdoba, que en los últimos años mantiene, a consecuencia de ciertos juegos políticos, un permanente aura de suspense sobre la legalidad de la inmatriculación del templo.

La carta afirma que «la Mezquita-Catedral de Córdoba, debe ser un símbolo que una a los pueblos y no que los divida, y una prueba de que allí donde imperó en el pasado la fuerza y la guerra ahora reina la paz y la armonía. Un lugar de encuentro espiritual, un sitio donde el ser humano en sus múltiples facetas pueda dirigirse llana y humildemente al Dios, sin más barrera o límite que el amor». Y asegura que «mas allá de la historia, el suelo sobre el que se asienta la Mezquita-Catedral de Córdoba debe ser un lugar de encuentro en el que musulmanes y católicos podamos mirarnos como miembros de una misma humanidad».

La carta pone reclama «que no sean la política ni las mentiras del mundo las que guíen nuestros corazones sino la voluntad de Dios. Que no haya enemistad entre musulmanes y católicos. Que musulmanes y católicos se postren ante Dios juntos como miembros de una sola humanidad. Que nada ni nadie los enfrente ni los utilice. Que Dios sea testigo de que Su nombre nos amamos y que a Él le amamos sobre todas las cosas y por encima de todo. Que la Mezquita-Catedral de Córdoba sea un lugar donde las heridas se cierren. Un lugar donde todos podamos estar de igual a igual como niños inocentes que corretean en torno a su Creador».

La carta recuerda que la «Mezquita fue construida por los Omeyas sobre los restos de la basílica visigoda de San Vicente, y en el año 1236 Fernando III de Castilla se la cedió a la Iglesia Católica. En el seno de la Mezquita, en 1523, Carlos V añadió una nave propia de una catedral, la Capilla Mayor» y afirma que «la Mezquita-Catedral de Córdoba no puede ser botín de guerra que un rey regala, ni un lugar donde se perpetúe la victoria de unos sobre otros, ni un trofeo de guerra, sino un lugar de culto que una a los hombres en torno a Dios».

«El Sagrado Corán -prosigue el texto- designa como Gentes del Libro (Ahl Al Kitab) a cristianos y judíos con sus respectivos mensajeros y revelaciones. El diálogo interreligioso es imprescindible para la construcción de una sociedad plural. La petición de orar en la Mezquita-catedral de Córdoba se hace en todo momento desde la convicción de que esa apertura produciría inmensos beneficios para ambas partes, cristianos y musulmanes, y para la ciudadanía de Córdoba y contribuiría al desarrollo de una vía de conciliación y diálogo frente a los que pretenden utilizar la fe y la religión en su beneficio propio manipulándolas».

La comunidad habla con total convencimiento del mencionado uso común de la iglesia, subrayando que pide «como el desterrado que quiere volver a su casa, que nos permitáis a los musulmanes rezar en la Mezquita de Córdoba, mientras vosotros rezáis en la Catedral de Córdoba para que nuestras oraciones se entrelacen y lleguen al corazón de Dios, como una muestra de Amor. Un amor más fuerte que las cicatrices que deja el pasado, más fuerte que los que construyen querellas y fronteras. Mas fuerte que el dolor, que las lágrimas que envuelven a los musulmanes que, paseando por Córdoba, descubren su Mezquita sin poder girar su mirada. Un amor sin mas condición que el Amor a Dios. Sin excusas, sin disimulos».

Y concluye solicitando «que lejos de todo lo que nos separa, nos permitáis rezar a Dios al lado de vosotros en el uso compartido de la Mezquita-Catedral de Córdoba para ejemplo ante el mundo«. Ahora le toca al obispo de Córdoba y a la Iglesia pronunciarse sobre una reclamación que dará mucho que hablar en los próximos días.

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