Cruz de guía, 💙 Opinión

Hay que prender la llama

Comenzamos una época de movimiento sin precedentes en las Cofradías, no hay más, claramente es una carrera hacia una meta final que lleva por nombre Semana Santa, con el objetivo de que todo esté preparado al milímetro cuando el primer nazareno pise el adoquinado de la calle. Una carrera muy parecida a la que los equipos de fútbol llevan a cabo a lo largo de cada temporada, no me mal interpreten. Si nos salimos del paraíso edénico para las Cofradías y bandas llamado Sevilla, en el mundo terrenal, cada hermandad cuenta los segundos para que todos los estrenos, arreglos, encargos de cera, palmas e incienso no se demoren más de lo necesario. El tiempo apremia para fichar a una banda de calidad, a una formación asequible en la noción calidad/precio o incluso caprichos de última hora. Es una marcha constante para conseguir atraer al mayor número de cofrades que, indudablemente, son un caudal en tiempos de cuaresma para aumentar exponencialmente el número de nazarenos de fila que integrarán el cortejo de la procesión en la Semana Mayor; el llamado «hermano de cuaresma». Estas y muchas más variables son las que en situaciones más propicias hubieran sembrado la ilusión en las mentes de los cofrades y no tan cofrades.

Se trata de un elemento motivador que tras dos años en «stand by» debe resurgir con más fuerza que nunca. Las Hermandades y bandas deben de prender la llama para volver a enganchar a la gente a la Semana Santa sobre todo en los núcleos poblacionales alejados de las capitales que sufren la desgana y la falta de personal en cortejos, pasos y bandas. Buscar un aliciente que de una forma segura (sin perjuicios para la salud) pueda reconectar a las personas al mundo cofrade.

Mucho se ha escuchado sobre este tema, algunos dicen que volveremos con más energía y ganas y otros que esto supone retornar a los años 70, época en la que comenzó una de las últimas evoluciones sufridas por la Semana Santa hasta lo que es hoy en día o lo que era hasta hace ya dos años. El tiempo dirá. Lo que sí está claro es que las hermandades no deben ceder en su intento por volver a prender la llama de la ilusión, sobre todo entre los jóvenes.

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