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En mi Huerto de los olivos, 💙 Opinión

Una cuaresma confinada

Estamos pasando días muy duros y difíciles de ver que la semana más esperada, añorada, querida y amada se nos estropee de la manera que la conocemos. Cierto. Pero no es menos cierto que ahora es cuando hay que demostrar de verdad, la unión de los jartibles cofrades. De todos sin excepción, que los habrá.

Los acontecimientos más terribles que nunca podríamos pensar que ocurrirían, han ocurrido. A quién de nosotros, si nos hubiesen preguntado que si no veríamos una Semana Santa, íbamos a decir que no. Eso era imposible en nuestros tiempos que corren hoy en día. No vivimos la Guerra Civil de España, que ya se quedaron sin Semana Santa, que parece que ahora, no hay nada más que gente que la quieren rescatar. Junto a su postguerra. Dejen la historia de nuestro país en los libros no remuevan más las conciencias de unos y otros. Nosotros no pasamos por ella, pero lo hicieron nuestros familiares con más experiencia.

Y ahora nos viene, un mal en torno a una enfermedad. Una plaga, que habrá más de uno que la compare con alguna escritura de algún libro viejo, que no habremos leído en su totalidad pero si hemos escuchado en más de una misa. Ahora debemos de estar más unidos que nunca y hacer caso a las órdenes que nos dictan los gobernantes, sean los que sean, aunque algunos jueguen con la salud de su pueblo.

Ahora tenemos que hacer una verdadera Estación de Penitencia, es quedarnos en nuestras casas. Ahora tenemos que realizar un verdadero examen de conciencia. De mirarnos a nuestro interior y ver si esto no será un castigo de tanta injusticia. De tanto juez que hay por nuestras calles que juzgamos a cada uno de nosotros, por el simple hecho que no piense igual que uno. Nos creemos sabios cuando solo tenemos unos años de experiencia y tenemos un dedo acusador, como la lengua de una serpiente, afilada y fina. Antes de hablar de otro, miremos nos cada uno de nosotros.

Ahora vamos a ver la verdad verdadera de cada uno de nosotros. Ahora vamos a ver los valientes y fuertes. Ahora vamos a ver los que pueden de verdad con esta situación que hasta hoy no se nos había dado. Ahora vamos a ver si somos capaces y capataces de tener una Semana Santa sin cofradías en la calle. Ahora tenemos que demostrar que hay algo más, que no solo es evangelizar por las calles. Es demostrar nuestras creencias de otra manera, es demostrar nuestra fe con otras formas.

Esta será y es una Cuaresma confinada, en nuestras casas, en nuestra mente, en nuestra tristeza, en nuestro devenir de las cosas distintas a lo normal, rezaremos en casa, buscaremos esos videos que nos hagan ver lo que queríamos que fuera y no fue. Viviremos la Cuaresma de una forma distinta a las vividas, que a nadie le gusta. Pensemos por aquellas personas que cuando nosotros disfrutábamos de ella, los enfermos no podían, los impedidos no podían, los dolidos con la vida renegaban de su Dios. Espero que cada uno de nosotros reflexionemos por si esta Cuaresma es la última de nosotros. Vivamos la Cuaresma desde nuestras casas como si estuviésemos en la calle, viendo cultos, recogiendo las papeletas de sitio, preparando cada uno nuestros respectivos atuendos, vivamos la Cuaresma de una manera distinta a lo normal.

Esta Cuaresma es esa chicotá mala donde las haya, esa levantá horrible, ese dolor de pies de una mantilla por una calle empedrada, esa candelería apagada por el viento, ese nazareno en cuclillas cansado, un cirio sin llorar su cera, un pregón sin ser leído, una partitura que seguirá en su carpeta, esas lágrimas recorriendo una mejilla en cada casa, una junta de gobierno en un cabildo antes de tomar una decisión dura, una Cruz de Guía que no abre un cortejo, una canastilla sin caramelos ni fotos que dar, un incensario sin incienso, un palermo que seguirá en su armario guardado, una túnica sin que la abuela de turno le quite su tesoro más preciado la cera, una vara sin ser paseada con su garbo, fotógrafos sin realizar esa instantánea que pudiese ser ese cartel, una corneta muda ¡qué tristeza!, un tambor sin ser besado por su amiga infatigable la baqueta, un alfiler que no encontrará tocado, un manto sin ser colocado en su pollero de turno, esa flor que seguirá en su invernadero, un llamador quieto y silencioso, ese pañuelo blanco esperando su perfecto doblez, esa peina que seguirá en su caja, esa papeleta de sitio querida y esperada para ser ahora un simple lugar olvidado, ese candelabro que no rozará ese saliente de la calle, esa bambalina quieta esperando besar su varal, ese rosario esperando una mano suave donde rezar, un costal dispuesto a trabajar y se quedara callado, una faja esperando abrazar una cintura, unas zapatillas que no besaran las calles de nuestra ciudad, y el azahar se cae porque llora un año más, pero este año no la verá pasar, solo sabrá que habrá Semana Santa de una manera especial. Es ahora cuando debemos demostrar lo que somos de verdad católicos, cofrades, personas de fe de categoría.

Pd.- Felicidades a los José, Pepe, Josefa, Pepa, y por supuesto a cada uno de los padres que hay.

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