En mi Huerto de los olivos, 💙 Opinión

Una cuaresma de confinamiento

Más de 40 días de confinamiento llevamos ya. Y seguimos contando días y, a la vez, restamos días para poder volver a nuestra rutina diaria, poco a poco. Una rutina que añoramos con más necesidad de lo normal, queremos volver a hacer todo lo que hacíamos, queremos volver a abrazarnos, queremos volver a vernos, queremos volver a hacer esas pequeñas cosas o pequeños detalles que nos hacían muy grandes, con gestos minúsculos.

En estos cuarenta días han pasado demasiadas cosas, buenas y malas, y la verdad sea dicha que las malas fueron malas de verdad. Seguimos llorando las 22.524 muertes por este maldito virus que para algunos no parece doler el fallecimiento de tantísimas personas. Pero claro hay clases y clases y aquí que cada uno se meta en el que quiera o pueda y haga lo mismo con los demás.

En estos cuarenta días ya, paso y terminó la auténtica Cuaresma y, de seguido, la Semana Santa. Atrás quedan esos ensayos de costaleros, esos conciertos, esos cultos, fiestas de regla, reparto de papeletas de sitio, montajes de actos, etc… ¿Pero qué precio tiene todo esto si no se puede disfrutar a causa de la muerte de una persona o de miles de personas?

No tiene precio ninguno, no merece la pena cuando hay tantas muertes. Es verdad, que somos como somos y no perderemos la esperanza en volver a lo que teníamos antes, en volver a vernos, a abrazarnos -veremos a ver cuándo podremos hacerlo-, simplemente a ser lo que éramos antes. Es cuando debemos de ver lo ciegos que hemos estado. Lo egocéntricos que hemos sido y ahora nos estamos dando cuenta. Qué duro tiene que ser no poder felicitar un cumpleaños de un familiar o amigo y disfrutar de ese momento. Pues no se pueden imaginar lo que es no poder despedir a una persona como se merece. Ni imaginar.

Ver a tus primos, como solo tres, podían estar junto a su padre, mi tío, es muy duro y difícil de entender. Este tío mío que me enseñó, a orar por allí por San Francisco. Este tío mío, el cual me llevaba de la mano siendo con seis años el nazareno más pequeño justo detrás de aquella Cruz de Guía. Este tío mío, que en una época de mi vida me dio consejos, que me hizo reír con sus ganas de vivir. Este tío mío que era un enamorado de su Virgen del Carmen de Rute. Lo recuerdo allí sentado en el patio de su casa al fresquito, rodeado de sus macetas, de su mujer mi tía Pilar, ya están los dos juntos y empezaban a poner aquellas viandas y acogían a todos con aquella hospitalidad y generosidad unidas con su simpatía. ¡O como no!, recordarlo en Nochebuena con su zambomba cantando villancicos hasta quedarse ronco de tanto cantar. O de su siempre disposición por ayudar…

De verdad, miren lo que tienen a su alrededor y piensen si les merece la pena estar todo el día amargados por unas cosas u otras. La vida en cuarenta días cambia muchísimo, piensen que en un abrir y cerrar de ojos cambia mucho más rápido y al abrir de nuevo los ojos ya es tarde para poder hacer algo que no hicimos en su momento. El poder encontrarnos bien con nosotros mismos, lo tenemos en la elección de cada uno de nosotros. Sólo depende de que elección tomemos si queremos estar amargados el resto de nuestras vidas o simplemente ser felices y extrapolarlo a los demás. En cualquier ámbito, familia, amigos, trabajo, aficiones, lo que sea. Tengan lo en cuenta.

Por esta semana los dejo, sean felices y extrapólenlo. Llevamos cuarenta días confinados…

Pd.- Este jueves hemos celebrado la festividad de San Jorge. Por eso, le he pedido que, al igual que luchó contra aquella alimaña, el dragón, nos ayude a seguir luchando con nuestra alimaña de hoy en día, el coronavirus.

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