El Capirote, Sevilla, ⭐ Portada, 💙 Opinión

Una cura de humildad

Cuando el Señor de la Salud acudió al primer templo de la ciudad para el rezo de las estaciones del vía crucis no podíamos imaginar que al debate de túnicas bordadas o lisas le quedaban escasas semanas. Menos podíamos creer que el coronavirus acabaría por llevarse las estaciones de penitencia de las cofradías, los besamanos que anuncian la llegada de los días grandes o los vía crucis que son antesala de las mañanas de nazarenos que llenan las calles del centro. La Virgen del Valle no pudo este año recordarnos la llegada de los días grandes.

Las páginas webs intentan mantener una afluencia de tráfico para no decaer en visitas, los articulistas echan manos de la añoranza y de los tiempos difíciles para llenar las páginas que tendrían que estar llenas de crónicas y anécdotas de la jornada. Las cadenas de televisión intentan hacernos más llevaderos estos días con la retransmisión de vídeos de años pasados. En el interior de nuestro corazón sabemos que es Semana Santa, pero también somos conscientes de que será la más extraña de cuantas llevamos.

En nuestro interior también sabemos existe “El lado bueno de las cosas”, título además de aquella película de 2012 que contó con Bradley Cooper, Jennifer Lawrence y Robert De Niro. ¿Qué podríamos aprender de toda esta crisis? ¿Hay positividad en medio de las calles desiertas? Quizá, todos necesitábamos una cura de humildad.

En estos días aparecerían algunos fotógrafos intentando captar la mejor imagen sin importarle pisar o empujar a sus semejantes, periodistas intentando sacar tajada con tal de convertirse en protagonistas en Semana Santa -aquella a la que dicen querer y no respetan-, el que inunda las redes llenándose la boca con que trabaja en un medio líder, los que prefieren pasar el tiempo realizando análisis para dejar constancia de que su medio ha sido el más visitado, el que más oyentes ha tenido, el que echa una petalada mayor que la que le hicieron a determinada imagen mariana…

Y qué decir de quien cangrejea tan solo por aparentar, el periodista que increpa a los demás, pertenezcan al cuerpo que sea porque se cree intocable, o el que rechaza el tiempo de paso impuesto por el Consejo y entra en cólera sin mirar por el bien común, porque este aspecto es más bien y más común cuanto más cumpla las aspiraciones particulares de cada uno.

Cuando hace años la actual consejera de Igualdad, Rocío Ruiz, publicó aquel artículo donde ponía de vuelta y media la Semana Santa, faltaron piedras para que en forma de tweets los cofrades estallaran contra ella dedicándole mayores ofensas de las que uno podría imaginar. Y sin defender tal artículo -ya dejé mi posición reflejada aquí- me vienen aquellas palabras “devotos que confunden la religión con el protagonismo”. No todos somos así, faltaría más, pero ¿vamos a negar que no hay cofrades que buscan ser el centro de atención más que acudir con el respeto que se merecen a ver los cortejos?

En una época en la que el individualismo y el triunfo propio valen más que cualquier otro aspecto, ha llegado el coronavirus para recordarnos que esta batalla solo la ganaremos si estamos unidos. Cuestión que ha desestabilizado los cimientos del triunfo y el éxito, tan efímeros como la vida terrenal. ¿Aprenderemos de esta lección o seguiremos errando?

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup