Enfoque, Sevilla, 💙 Opinión

Una idea que debió quedar en el cajón

El arte es provocar reacciones, y la nueva obra de Jesús Caballero ha provocado muchas reacciones que, a bien seguro, no son las esperadas por su autor. Para algunos de las personas que han comentado en redes sociales las publicaciones donde se da a conocer la obra, parece «un collage trabajo de fin de curso de un chiquillo» mientras que otros critican el trasfondo existente en ella. Un trasfondo que alguno interpretan como la trivialización de un momento que pudo ser dramático si quienes soñaron encontrar a la Macarena para reducirla a cenizas o trozos de madero, lo hubieran hecho.

Mención aparte merecen los que, amparados en su atalaya de poder mediático juegan a determinar, con su presunta infalibilidad, lo que es arte y lo que no. No siempre aquello que provoca, merece ser encuadrado en la categoría de arte, porque no lo es; y aun siéndolo, los medios de temática cofrade no deberían ser el foro en el que se difunda, aliente y promueva su difusión obviando lo más importante que debe poseer una obra de índole cofrade: la unción sagrada. Sin ella, una obra podrá ser o no arte, pero no es cofrade y, por lo tanto, no debería tener sitio en los medios cofrades… o sí… ¿ustedes qué opinan?

Según Caballero, la técnica japonesa del «Kintsugi» es la inspiradora del collage que remueve los sentimientos de toda una ciudad al ver la imagen de una devoción universal, escondida de los ultrajes que sufriría si estuviera en su capilla de San Gil. De no haber sido escondida en ese humilde cajón de madera, la que hoy es una de las mayores devociones de la ciudad de Sevilla, podría haber acabado como tantas y tantas obras de arte, faros de fe y oraciones personales, mutiladas, vejadas en imágenes en blanco y negro que tras ochenta años aún hoy duelen, formando finalmente en una pira de odio irracional.

La filosofía nipona propone «acentuar y celebrar» esas heridas del pasado, tal y como describe el autor, pero quizás en España no tenemos la capacidad de superación, máxime cuando los cofrades recibimos continuamente ataques de aquellos que obligaron a meter en ese cajón a la Santísima Esperanza. La técnica empleada se aleja del tradicional cuadro cofrade, jugando con lo tridimensional, que quiere recordar a otros autores de la capital sevillana que previamente han jugado con los volúmenes en sus respectivas obras.

Quizás esta idea de Jesús Caballero resulte demasiado innovadora en cuanto a la filosofía, aunque consiga remover muchos sentimientos, no sabiendo a ciencia cierta si esto es positivo dado los dolorosos momentos que pudo propiciar aquel instante en que fue encerrada la belleza de la Madre de Dios antes de que nos la arrebataran para siempre. Aún siendo provocadora, en nuestro país quizás no estemos preparados para ciertas cosas, estando las heridas muy abiertas, debiendo ser esta obra la que tuvo que quedarse en un cajón hasta que aquellos que han heredado el odio, dejen cicatrizar la herida.

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