Córdoba, El Rocío

Una noche de magia y elegancia

Córdoba ha vivido esta noche, en los albores del nuevo curso cofrade, una noche de magia y elegancia envuelta en nubes de incienso, latiendo al compás de marchas procesionales y respirando esa fe imperecedera que habita perenne en el corazón de los auténticos cofrades. Y es que a medida que el cielo crepuscular fue mutando en oscuridad, las calles de Córdoba parecieron rescatar del baúl de sus recuerdos todos aquellos avíos que brillan de manera singular cuando la primavera estalla por todos sus rincones. 

Aún no había anochecido cuando San Pablo comenzó a oler a marisma, reminiscencias latentes del paraíso de la Blanca Paloma, cuya esencia se presentía en cada uno de los latidos que acompañaban al bendito Simpecado camino de la Trinidad. Cien corazones encomendándose a la Madre de Dios para implorar su intercesión en estos momentos de tribulación en los que nos hallamos. Bengalas alumbrando al Simpecado y oraciones sinceras en honor a la Virgen. Nada más precisan los rocieros para hacer público testimonio de fe y volver a dar una lección de sencillez y grandeza.

Como la lección que cada año imparten los más jóvenes de la Hermandad de la Pasión por las calles del Alcázar Viejo cuyo caminar ha estado brillantemente acompañado de los sones de una Agrupación Musical Sagrada Cena, que ha plasmado en cada nota los nuevos aires que destila su ilusionante y renovado impulso. Una lección impartida por quienes enseñan a los cuatro vientos cómo aprender de los que les rodean, absorbiendo la sabiduría de sus mayores y al mismo tiempo, siendo capaces de aportar su esencial granito de arena para colaborar en el crecimiento incontestable de una hermandad cuyo significativo avance se hace patente en todas y cada una de sus manifestaciones y que en boca de su juventud destila una ilusión y un buen hacer que augura un futuro preñado de sueños cumplidos.

Como los sueños cumplidos que otros jóvenes, los que alumbran con su fe la mirada infinita del Señor de Córdoba, han materializado para mayor gloria de la Virgen de la Amargura cuyas sienes bendecirán la nueva presea que han querido regalarle con motivo de su 75 aniversario. Una magnífica corona plateada que ejemplifica el esfuerzo colectivo y el amor sincero de unos hijos a su Madre, a la que adoran y veneran y a la que cuidan entre sus brazos, entre sueños, promesas y oraciones.

Oraciones envueltas en infinita alegría que se han abierto paso al son elegante de la Virgen de la Victoria, que ha llenado los rincones de San Lorenzo, el barrio más cofrade de Córdoba, de magia y de sonrisas, mientras el aroma del incienso acariciaba las almas de quienes buscaban reflejarse en la mirada de Aquella que enseñó al hijo del hombre a vencer las vicisitudes que la existencia depara. Alegría incontenible en los sones de la Sociedad Filarmónica María Inmaculada de Linares, que puso el perfecto contrapunto al andar sereno de la que hoy ha sido Reina indiscutible de San Lorenzo.

La noche se sumergía en una penetrante fragancia a incienso mientras a unas pocas decenas de kilómetros, en Fernán Núñez se detenía el tiempo, para acoger en sus entrañas a Jesús Nazareno que cruzando su mirada con su Madre Soledad en la calle de la Amargura, salía al encuentro de sus vecinos y de cientos de cordobeses que no quisieron faltar a la cita histórica. Una cita en la que la presencia la banda de cornetas y tambores Rosario de Cádiz volvió a demostrar, en cada una de sus notas convertidas en profunda oración para el Hijo de Dios, que estamos ante la mejor formación en su género del actual panorama de la música procesional. Sin discusión.

Magia y elegancia, fe y sentimiento, verdad y cofradía… señas de identidad de un pueblo que ha vuelto a demostrar que es capaz de convertir en primavera cualquier día del año por obra y gracia de su amor incontestable a la Madre de Dios y su bendito Hijo.