Una nueva edición del concierto más especial de la Banda de la Salud

Hay detalles que no se pagan mediante una contraprestación pecuniaria, gestos que únicamente pueden recibir a cambio un abrazo sincero o una sonrisa desinteresada, milagros que evidencian que la música y el aroma del incienso traspasan fronteras y son capaces de hacer crecer la semilla de la fe al compás de la cadencia infinita que marca un pentagrama y el brillo en la mirada ilusionada de quienes más lo necesitan. «Caricias del alma en forma de música celestial, para pedirle a Nuestra Madre, Salud y Vitalidad, a los pequeños Ángeles que se encuentran en el Hospital.»

Un milagro del que ha sido participe en la tarde de este viernes, en la que ya huele a azahar, aunque sea metafóricamente, en el corazón de cada rincón de la tierra de Julio Romero, la Banda de Nuestra Señora de la Salud, la magnífica formación musical del barrio del Naranjo que, gota a gota, cadenciosamente, demuestra con sus hechos que es mucho más que una banda de cornetas y tambores.

El Materno Infantil de Reina Sofía ha sido testigo, un año más, y ya son 11 desde que se iniciase esta hermosa tradición, de como la banda de la Salud ha hecho llegar la música cofrade a quienes más lo necesitan.”Esa luz y brillo en los ojos, la emoción que transmiten, su ilusión… No tiene precio”, decía en voz alta David López, uno de estos héroes cotidianos capaces de convertir en excepcional, único e irrepetible cada instante de vocación desinteresada al prójimo.

Hoy, una vez más, los hombres y mujeres del Naranjo, han vuelto a demostrar que el movimiento se demuestra andando, sin palabras grandilocuentes de cara a la galería sino con hechos, con gestos maravillosos como los vividos al compás de su sentimiento. Y es que llegarán momentos de gran intensidad en los próximos días alrededor de la Banda de la Salud pero hoy, con total seguridad, sus componentes han sentido y han vivido su tarde más hermosa.