Una nueva joya para la Asunción de Cantillana

El diseño del aro ha sido obra de Ricardo Pueyo Sastre, mientras que su realización ha corrido a cargo de los joyeros Manuel Varela Pérez y María Ángeles Cerdá Gómez

En una jornada marcada por la devoción y la emoción, la Hermandad de Nuestra Señora de la Asunción ha vivido un acontecimiento de especial relevancia: la bendición del nuevo aro de estrellas de oro, ofrendado por los hijos de Cantillana a su Bendita Madre con motivo del setenta y cinco aniversario de la proclamación del Dogma de la Asunción de María por el papa Pío XII.

La bendición fue impartida por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, durante un acto cargado de simbolismo mariano. La nueva joya, concebida como una auténtica “corona de amor”, se incorpora al patrimonio de la corporación como una de las piezas más destacadas que ha recibido en los últimos tiempos.

El diseño del aro ha sido obra del hermano de la hermandad Ricardo Pueyo Sastre, mientras que su realización ha corrido a cargo de los joyeros Manuel Varela Pérez y María Ángeles Cerdá Gómez, quienes han ejecutado una obra de orfebrería de gran calidad técnica y estética.

La presea se compone de un aro de oro en el que se engastan doce estrellas dobles, símbolo tradicional de la realeza mariana. En el centro de cada una se dispone una aguamarina tallada en brillante, montada sobre una corona circular de oro y zafiros blancos. Las aristas de las estrellas, elaboradas en oro amarillo con el centro en oro blanco, están guarnecidas con topacios blancos, mientras que las puntas presentan topacios en forma de gota azul intenso, rematadas con perlas naturales que aportan luminosidad y pureza al conjunto.

Entre las estrellas se intercalan broches con monturas de diamantes y aguamarinas rectangulares, centradas sobre una orla de oro y brillantes y rodeadas por guirnaldas de laurel en oro blanco y diamantes, símbolo de triunfo y gloria. El conjunto se completa con un aro exterior engastado con topacios azules en talla baguette, que aporta continuidad y equilibrio visual a la pieza.

Con esta ofrenda, Cantillana renueva su devoción a la Asunción gloriosa de María, conmemorando el Dogma proclamado en 1950 y perpetuando en oro y piedras preciosas el amor de un pueblo hacia su Señora elevada a los Cielos.