Era sábado y la temperatura no acompañaba. Es lo que suele pasar un 10 de agosto en Córdoba, pero la festividad de San Lorenzo tiene su fecha (es la que es) dijo alguien entre el público que, aun con con mucha gente de vacaciones, fue a ver al titular del templo fernandino, dejando muestra de que las procesiones interesan por encima de todo, o casi todo. Y hasta se perdona que en el cortejo hubiera algún responsable (antaño rigorista), que ahora haya descubierto que ir alrededor, con el cuello recto y dando paseos que van entre el alardeo y la pinta de turista perdido que deja el borrón para quienes tienen memoria, o les queda algo de ella.
También sirvió la salida del Santo para comprobar, una vez más, que todos los capataces no están hechos de la misma pata y que, para los buenos (como es el caso de David Arce) no hay pretemporadas que valgan y se cuida cada detalle, hasta el de reprender en el momento justo para que todo salga perfecto. Gesto que es muy de agradecer en el tiempo de una autocomplacencia, que -por desgracia- practican demasiados.
Y también hubo momentos para comprobar que en la provincia hay bandas que merecen la pena. Muchas, pese a que se les quiera imponer cierta distancia. En las redes sociales se tocan marchas figuradas. A 38 grados., cerca de las 11 de la noche, por más motivado que vengas, si la marcha suena bien es que lo has trabajado y eso ya merece todos los respectos, como se los ganó la agrupación musical de Rute.





