Advertisements
Opinión, Racheando

Una vela para iluminar la memoria

El sol brilla allá por donde alcanza, llenando de luz cada rincón de una aldea con las casas blancas, radiantes por las capas de cal que cubren sus paredes. Una aldea que ha visto como una noche de septiembre se torna primavera ante los nervios de un pueblo que anhela ver una vez más a su Reina triunfante caminando entre nubes de la arena que todo lo cubre.

Entre todos los miles de rostros emocionados que se acercan a verla, una mujer agarra de la mano a su anciana madre. La madre, de pelo blanco y bastón, no puede contener las lágrimas cuanto más cerca está de la reja que las separa. En su mano un pequeño ramo de flores de las que más llenan los rincones, las que con cariño ha cuidado durante meses en su propio patio, pensando en el día que se las llevaría a su destinataria, que no es otra que a la que llama “Madre”.

Su hija intenta aguantar las lágrimas, aunque parece imposible, lleva a su madre a ver a su otra madre después de que pasara unos meses postrada en una silla tras haberse roto una cadera ya tan desgastada por los años de trabajo para darle lo que ha tenido.

Hace años que no pisaban la Aldea, pero las promesas hay que cumplirlas, y más si se le hacen a Ella, que quizás ha sido la que la ha ayudado a levantar el ánimo tras la operación, meses de rehabilitación y dolores, muchos dolores. En la cama de aquel hospital, con una estampa de la Santísima Virgen debajo de su almohada, no hacia más que pensar en que no podría volver a verla, que sería una carga más, y que atrás quedaron los años en los que acudía al Santuario a la llamada del Divino Pastorcito y su Madre, pero pudo hacerlo.

El aroma de cera pura es el que más recuerdos trae, cuando tras ver a la Virgen se dirigen a esa capilla donde los recuerdos son eternos, donde una simple vela significa todo. Cada avance de la llama son peticiones y anhelos que se consumen para iluminar todo el recinto. Cientos de velas, cientos de pensamientos, súplicas y oraciones que se dirigen hacia la estatua ennegrecida de la Señora vestida de pastora. La mujer anciana ya ha cumplido su promesa, ya ha puesto su vela recordando a su madre, a su marido, a todos los ausentes que en esos momentos están tan presentes.

Un peso que se quita de encima tras encender la vela de la memoria, tras buscar la mano de la estatua de la pastora y acariciarla como una hija acaricia a su madre.

Una historia como cualquiera que las miles de personas que acuden a esa Aldea en Huelva, donde la Señora del Rocío las recibe, las escucha y las atiende, donde es iluminada por tantas y tantas velas que encienden la memoria.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: