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A pulso aliviao, 💙 Opinión

¿Usted es creyente? Pues pase de largo

Definía George Orwell la libertad como el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír. Y para eso estoy aquí, buscando defender mi libertad; y también la suya. Es evidente que vivimos un momento complicado, no solo en la sanitario, que será lo primero pero no lo único, sino en el plano laboral, social y moral. La familia de hoy no es la misma que la de hace 50 años. Los trabajos han cambiado bastante. Y las hermandades han hecho lo propio durante estos seis meses de pandemia, y los sucesivos de estado de alarma (guión secuestro domiciliario y de derechos fundamentales).

Digo esto porque estaba yo el sábado caminando por la calle San Luis, recorrido de emperadores, reyes y cardenales, en busca de algún culto que me devolviera la ilusión cofradiera en este hastío procesional. Y al final de la vía, cuando se junta con Bustos Tavera y se deshace entre Sol y Gerona, llegué a mi destino, Santa Catalina. Ansiaba ver la aún sorprendente restauración de la iglesia una vez más, rezar ante la imponente capilla sacramental que tiene uno de los retablos barrocos más interesantes de la ciudad, y rendirme a las plantas de la Virgen de las Lágrimas, que por cierto estaba muy elegante en su atavío este año.

Pero al entrar en el templo me topé con un auténtico circuito. Todos los asientos centrales estaban precintados y los laterales lucían carteles que impedían tomar asiento. Llámenme iluso, pero no dejo de salir de mi asombro. Las personas que accedían a la iglesia iban pasando ante la Virgen, todos muy juntos y por tiempo ilimitado; pero nadie se detenía a rezar más de 30 segundos ante el Santísimo o alguno de los titulares que podemos venerar a lo largo del santo emplazamiento. Era un museo sin más. Había perdido todo su sentido. Y yo pregunto: ¿Hay necesidad de esto? Creo que el virus nos está afectando más allá de lo sanitario. Veo estupendo que se tomen medidas para proteger a la población ante una epidemia de las dimensiones del Covid, pero restringir el rezo a la gente y prohibirles algo tan primario como tomar asiento, es inconcebible.

Hay quien me llamará exagerado, e intentará convencerme de que es un hecho momentáneo para evitar… ¿Para evitar qué? ¿Un contagio entre asientos? Esta prohibición es una vulneración de la libertad de culto se mire por donde se mire. Los creyentes tienen el derecho de sentarse a orar en la casa del Señor. Es un derecho. Las limosnas que sustentan cada templo son fruto de la generosidad de los fieles que acuden a él; y negarles algo tan primario como un lugar donde aposentarse a rezar es una ofensa. Gracias hermanos por vulnerar la libertad de culto. Sigan ustedes así, pidiendo a los creyentes que pasen de largo. La consecuencia será fácil de adivinar y difícil de digerir. Sigan así.

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