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Granada, ⭐ Portada, 💜 De Cerca

Venancio Galán: «Me pidieron no hace muchos meses localizar en el archivo todo lo relacionado al culto, procesiones, devoción a la Virgen del Carmen para refundar la cofradía»

A pesar de su privilegiado enclave, próximo a la Plaza Nueva, el Monasterio de la Encarnación es uno de los espacios sacros más desconocidos de la ciudad. O al menos lo era hasta hace unos años. Porque desde que se instalara en su interior el Museo Carmelita de la Antigua Observancia de Granada las distintas actividades han ido concentrando numeroso público en torno al cenobio. Gracias a Venancio Galán los visitantes pueden admirar la riqueza incuestionable que habita en su interior.

Él mismo narra cómo nació su relación con la comunidad carmelita: «En 2012 entré a trabajar en un hotel que hay en Granada vinculado a la Orden. Allí trabajé como camarero mientras cursaba un Máster de Museología y otro en Tutela del Patrimonio. Un día el Padre Eduardo me dijo, que si quería hacer un inventario sobre todo lo existente en el Monasterio de Madres Carmelitas AO de Granada. Le dije que encantado. Fui junto al Padre al Monasterio —he de decir que desconocía la existencia del mismo, no conocía a la comunidad y no sabía nada sobre el patrimonio que allí se custodia, no tenía ni conocimiento de la existencia de la Gran Madre—. Así comenzó mi trabajo. Al poco tiempo de estar realizando el inventario, el padre Eduardo me dijo que, si había patrimonio y posibilidades de crear un museo, y por supuesto le dije que sí». Desde entonces han pasado ocho años, pocos si tenemos en cuenta que el inventario aún no ha terminado, debido a la gran cantidad de patrimonio que se conserva.

La Gran Madre, como se le conoce entre las hermanas

Y es que ni las desamortizaciones, ni la invasión napoleónica, ni las repúblicas, ni la guerra civil han tocado el convento. «A día de hoy no lo entendemos», refiere Galán, quien añade que «puede ser por suerte, por desinterés, por su localización geográfica o simplemente por la providencia divina. Lo que sí sabemos es que se conserva todo el archivo, el textil, la biblioteca, grabados, arqueología, numismática, orfebrería, escultura, pintura, etc.».

Los primeros pasos para la creación del espacio museístico no fueron fáciles. «Era un intruso en su casa y aunque algunas hermanas veían la creación del museo como una gran oportunidad que tenía el beneplácito de la Orden desde Roma y del arzobispado, les costaba que una persona ajena estuviera trabajando, moviendo obras, realizando fotos, etc.», pero poco a poco lograron caminar en una misma dirección. «Por mi parte no podía olvidar de donde estaba, y al principio me costó mucho, el silencio, el acostumbrarme a su ritmo de vida, pero por ambas partes pusimos de nuestra parte y pronto nos convertimos en un equipo. Desde primera hora nos pusimos de acuerdo en muchas cosas: eran parte del equipo y si yo montaba una sala, tenían que opinar; a la hora de inventariar las joyas una monja estaría a mi lado siempre, algo que exigí yo mismo».

Entre sus muros, la Virgen del Carmen, san Elías o santa María Magdalena de Pazzi, de la que hay una notable producción pictórica. Muy importante para el Carmelo Observante, «en el monasterio se conserva mucha iconografía, cuadros, esculturas, grabados, libros, etc.» a esta santa florentina se le dedicó la primera exposición que se realizó en el museo, coincidiendo con el 450 aniversario de su nacimiento. Pero también la última, ya que fue la única que se celebró en toda España. De entre sus representaciones destaca la imagen que se venera en la cabecera de la iglesia. «Fue restaurada y su estudio de atribución nos lleva a pensar que es de Alonso de Mena. La talla presenta una calidad exquisita y es una de las piezas mejor trabajadas de todas las conservadas en el monasterio».

Santa María Magdalena de Pazzi presidiendo uno de los claustros del monasterio con motivo de la exposición en su honor

Sede de varias cofradías

Durante su dilatada historia el cenobio fue además sede de varias cofradías. Gracias a los estudios que Venancio Galán ha llevado a cabo conocemos más sobre ellas. «Como tales hubo en antaño dos. La de san Elías, que se fundó en el siglo XVIII y que tuvo una corta vida y la del Cristo de la Humildad y Paciencia, que se extinguió en el siglo XIX». Añade que la imagen del santo fue tallada por Agustín de Vera y Moreno, escultor discípulo de los hermanos Mora «y que se quedó en el taller de ambos cuando murieron». En cuanto a la de Humildad y Paciencia, «fue la hermandad de los Andaderos de los conventos de Granada —digamos como de los recaderos de las monjas—, fue una cofradía con mucha vida, y de la que conservamos los libros de estatutos, hermanos, etc.». Gracias al estudio que le dedicó, la talla del Cristo pasó a ocupar uno de los altares de la iglesia, donde fue venerado en otros tiempos.

Pero la gran devoción es sin duda la Virgen del Carmen. Incluso llegó a salir en procesión, perdida en los años sesenta del pasado siglo. «Me pidieron no hace muchos meses localizar en el archivo todo lo relacionado al culto, procesiones, devoción a la Virgen del Carmen para refundar la cofradía». Una iniciativa que goza del beneplácito de la comunidad y de la Orden. Y aunque todavía hay mucho trabajo por delante, «si todo sale bien, seguramente se recupere dicho culto externo». Relativo a la Gran Madre, Venancio ha podido descubrir recientemente un milagro acaecido en 1942, ligando otro a la imagen que actualmente se venera en el coro bajo, fechado en 1954.

El futuro

Altar montado en 2015 para la procesión del Corpus Christi

En este recorrido Venancio Galán cuenta con la doctora Carmen Bermúdez, a la que define como el otro pilar del museo. «Desde el inicio del proyecto ha estado ligada al mismo y es a ella a quien le debemos la restauración y puesta el valor de más de cien piezas. La mayoría expuestas en el museo o para las exposiciones temporales, pero otras presentes en la clausura para la veneración de nuestras Madres». Actualmente, Carmen está supervisando los trabajos que están ejecutándose en el retablo, «una de las tantas tareas que teníamos en mente, y ha sido este año tan extraño en el que vivimos cuando ha podido realizarse. Hemos formado un equipo con tres restauradoras: Lucía Ruiz, Ana López y Cristina González que bajo las directrices de Carmen están realizando un trabajo sorprendente. Además de la limpieza, están eliminando repintes, intervenciones anteriores no muy afortunadas como la ocultación de grietas con telas encoladas, etc. Prepararemos una presentación como se merece».

Las hermanas continúan con la fabricación de mascarillas en estos tiempos

Si la situación que atravesamos actualmente mejora, por delante hay varios proyectos que podrían ver la luz pronto. Es el caso de la presentación del Santo Cristo, obra de Alonso de Mena, que ha estado restaurándose durante tres años y cuyo proceso se ha recogido en un libro que contiene además la historia de la imagen. También está pendiente la musealización de dos nuevas salas y una interesante actividad bajo el título “Visita y Música en el claustro”, encabezada por la empresa Pórticos, cuyos miembros —actualmente muestran dos salas que no se visitan normalmente— realizarán un recorrido por el museo acompañados de música en los patios. Y por último, el montaje del Belén, que requiere de una enorme paciencia, y la adquisición de una corona para el Divino Infante de la Gran Madre.

A partir de septiembre se retomarán las visitas todos los sábados a las 11:00 horas, aunque se da la posibilidad de que grupos de amigos o familiares, de diez personas mínimo, puedan solicitar una visita otro día y a una hora distinta. Colaborarán con una comunidad que en silencio lleva trabajando desde hace siglos y conocerán un espacio que sorprenderá por su riqueza. Un nuevo modo de acercarnos a las clausuras, en esta ocasión, gracias a la labor de Venancio Galán.

Cristo recogiendo las vestiduras. Escultura atribuida a Diego de Mora y datada en el primer tercio del siglo XVIII
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