Cruz de guía, 💙 Opinión

Victoria, la Virgen del sueño

Cada 8 de septiembre, la ciudad de Málaga conmemora la efeméride de su patrona, Santa María de la Victoria, una bella imagen de talla completa y autor desconocido que preside el altar mayor de su propia Basílica, en el barrio homónimo de su advocación. La festividad coincide cada año con la Solemnidad de la Natividad de la Virgen María, jornada en la que establece su residencia provisional en el presbiterio de la Santa Iglesia Catedral de Málaga para regentar la celebración de su tradicional Novena.

Este año, como no podía ser de otro modo, la propia efigie no ha faltado a su cita con el pueblo malagueño en una emotiva celebración eucarística que ha presidido el Obispo de la Diócesis sureña, Jesús Catalá, y en la que han intervenido autoridades políticas como el presidente de la Junta de Andalucía.

Ha sido un día especial, una jornada en la que la Virgen de la Victoria ha alumbrado el camino de redención hacia un nuevo amanecer tañido por la estrella de la mañana que en Córdoba ha vuelto a relucir en su tradicional Rosario de la Aurora por las calles de su barrio. Hemos vuelto a sentirnos vivos en una mañana en la que parecía que el mal tiempo nunca hubiera aletargado nuestras vidas, una mañana que nos despertó de la pesadilla del año de la discordia, una mañana en la que la misma Virgen que en sueños se le apareció al rey Fernando el Católico hace ya más de 500 años, nos ha desvelado con su bella tez como si de un sueño materno filial se tratase señalando el final del largo camino que estamos viviendo, rumbo al amanecer.

Hoy muchos fieles malagueños han recordado las livianas mañanas de septiembre al abrigo de Santa María de la Victoria, aquellas en las que el pensamiento se perdía en el nuevo curso cofrade por estrenar, aquellas que navegaban fuera de los perniciosos pensamientos y la incertidumbres epidemiológicas que la coyuntura iniciada hace más de un año ha inyectado la mente, aquellas en las que solo importaba el fin del camino, en las que meditar solo portaba a darse cuenta de que nuestro único enemigo era la meteorología.

Aunque haya sido solo un atisbo de lo que está por llegar, la Virgen del sueño eterno nos delimita el sendero. ¡Salve, Reina de la Victoria!

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