Villamanrique se reencuentra con la Virgen del Rocío tras la polémica de la procesión del Lunes de Pentecostés

El Simpecado de la histórica hermandad sevillana fue llevado al altar de la Blanca Paloma antes del regreso, en un intento por sellar la paz con Almonte tras el agrio desencuentro vivido en febrero

La romería del Rocío de 2025 ha culminado, como dicta la tradición, con la vuelta de la Virgen a su altar tras la procesión del lunes de Pentecostés. Sin embargo, esta edición pasará a la historia no solo por su fervor y devoción, sino por el episodio de tensión entre la Hermandad de Villamanrique de la Condesa y el pueblo de Almonte, custodio de la venerada imagen de la Virgen.

La escena más comentada de la madrugada fue, sin duda, el inesperado (o no tanto) gesto de la Virgen al no acercarse a la casa hermandad manriqueña, rompiendo así con una tradición que se consideraba inalterable pese a que ha registrado otros momentos de desencuentros entre el pueblo de Almonte y algunas hermandaes filiales a lo largo de la historia. La desazón que acompañó ese momento fue tan elocuente como los comentarios que, desde entonces, han inundado redes sociales y tertulias rocieras.

El origen del desencuentro se remonta a febrero pasado, cuando, durante la peregrinación extraordinaria de Villamanrique, surgieron desavenencias que, lejos de resolverse, se han hecho visibles en uno de los momentos más emotivos de la romería. Muchos lo vivieron con asombro; otros, con tristeza. Pero lo cierto es que la Blanca Paloma, en una imagen sin precedentes, continuó su paso sin mirar hacia quienes fueron los primeros en rendirle culto en la aldea, como recuerda la historia de esta antigua filial.

Un gesto de reconciliación
Tras horas de debates encendidos, declaraciones cruzadas y una creciente inquietud entre los devotos, la Hermandad de Villamanrique ha querido enviar un mensaje de unidad y respeto. Así, antes de iniciar el camino de regreso a su pueblo, los manriqueños llevaron su Simpecado hasta el altar de la Virgen del Rocío, en una ofrenda cargada de simbolismo y emoción.

El acto, profundamente significativo, fue recibido con aplausos y muestras de cariño por los presentes en la ermita, en un ambiente donde el fervor pareció imponerse a la discordia. Fue una escena que no estaba prevista, pero que ha servido como epílogo conciliador a una romería marcada por las heridas abiertas entre dos localidades unidas por siglos de devoción.

Aunque queda por ver si este gesto será suficiente para restañar las diferencias, Villamanrique ha dado un paso al frente, apelando a la espiritualidad que debe prevalecer por encima de los agravios. En el horizonte, queda la esperanza de que la próxima romería transcurra con la misma intensidad devocional pero sin el amargor de los desencuentros.