Mortem tuam annuntiamus, Domine,
et tuam resurrectionem confitemur,
donec venias.
Resucitó tal y como estaba escrito, y todo vuelve a empezar. Al igual que se vuelve a empezar en los locales de ensayo de las bandas, porque la Pasión no acaba.
Vuelven las horas entre partituras, de practicar pasajes y solos, de abandonar de nuevo a la familia por la otra familia. Muchos no entienden que pasada la Semana Santa comienza la preparación de la siguiente, porque hasta que no se acerque el calor veraniego de manera intensa, nunca se sabe si habrá una llamada de teléfono que ponga un nuevo día de música cofrade.
Horas en autobuses para llegar a destinos lejanos, peleas para ver quien se sienta en la parte trasera del vehículo, donde se sientan normalmente los que amenizan esos viajes. Se despliegan almohadas en los asientos, se ven hasta mantas, incluso se podría creer que hay zonas de acampadas, pero las divisiones de un autobús sólo demuestran distintos engranajes de una misma maquinaria.
Vuelven a surgir los mensajes de la apertura de inscripción en la mayoría de las formaciones musicales, nuevas caras de ilusión por tocar tras las imágenes que han robado un corazón cuando los han sentido cerca. Ser el compás que mueve los pies del Señor o su Madre.
Todo vuelve a empezar, y al igual que pone el sudario de la cruz de la «Canina», la Muerte superó a la Muerte, y la música lo supera todo, hasta la nostalgia por una Semana Santa que a veces se nos hace corta, y más este año con tanta lluvia.
Esfuerzos que difícilmente se ven recompensados desde el exterior, solo por los momentos tras un paso, por momentos con los compañeros de tu banda, o por los bocadillos que con tanto amor te prepara tu madre para el camino, porque apenas tienes tiempo de parar por casa.
Empieza el calor, pero los músicos cofrades volveremos a preparar nuevas marchas, para una nueva Semana Santa.





