Esta mañana al salir a la calle, me ha llegado un aroma inconfundible, previo al aroma del incienso, es el pregón de la naturaleza a nuestra entrada en la primavera, el azahar ya empieza a florecer, y los naranjos de nuestra ciudad así proclaman que estamos en plena cuaresma, próximos a nuestra Semana Santa.
Y los ciclos se repiten, de una forma acelerada, rápido, demasiado rápido, se van sucediendo cada uno de estos ciclos, ¿anuales?, pero si solo hace unos días de la anterior, y es el tiempo el que nos demuestra que la vida continua, impasible y arrolladora, imparable, y tras tiempos llegan tiempos y hace que la misma no se pare.
Ahora nos estamos preparando para nuestra penitencia, personal. Y para finalizar recordad que la resurrección única verdad y meta, el final, o el principio.
Y es en este constante devenir del péndulo de nuestras vidas, no por muchas veces repetida, nuestra Semana Santa, es igual que la anterior, y eso la hace distinta a todas las cosas de nuestras vidas, todas cambian, pero otras permanecen inmutables al paso de los años, a veces de los siglos, gracias a Dios.
Esta será distinta, y con recelo miro al extranjero, donde fiestas también centenarias han sido suprimidas, como consecuencia del corona virus, todo en respuesta de las autoridades para evitar una posible pandemia. Suspiro y escribo despacito, no me vayan a escuchar nuestros políticos, y por hacer algo más en favor a nuestro bienestar, aparte de colaborar con el 21% en las arcas del estado, ahora se preocupen de la aglomeración de personas, y traten de impedir de alguna manera, por hacer algo, que se pueda quedar algún cofrade sin su Semana Santa, en razón al bienestar social del resto de la población.
Y es este ciclo pendular distinto a los anteriores, han cambiado los tiempos, han cambiado las políticas de nuestra nación, han cambiado los aires de nuestra vieja ciudad de Córdoba, y nosotros deberemos estar preparados para cualquier alteración en nuestras tradiciones.
Yo también he cambiado, soy más torpe, cosas de los años, de los ciclos pasados, iguales o desiguales, esperemos que sigan como en la actualidad están, viéndolas pasar, que siga el azahar pregonando con su inconfundible aroma que detrás viene el incienso, con su pasión, muerte y resurrección. Con todos nosotros presenciando el devenir de este ciclo, que sea igual que los anteriores, eso sería ya un triunfo.





