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El viejo costal, 💙 Opinión

Ya está casi pasado el verano, ahora le toca al papel en blanco

Todos los años por la Fuensanta, siempre antes de volver al colegio, podíamos disfrutar de una noche de fiesta, humilde, consistente en de algún paseo en los cacharritos, algún refresco y como no, una campanita de barro. Campanilla que duraba poco, no por ser chillonas y alegres, si no por lo poco cocido del barro, y por el entusiasmo del constante arrebato callejero de todos los niños que la portaban. Esos sí, si superaban la primera noche lucían en cualquier estantería con su leyenda Fuensanta seguido del año, grabada y pobremente pintada.

En esos distantes años me encantaba salir de casa, por Colón, atravesar la ciudad y llegar a visitar el santuario donde se venera Nuestra Señora de la Fuensanta, oír misa y salir curioseando el humilladero gótico, su pozo, y correteando, escuchar cada año la historia de cómo a un fraile le fue desvelado que la virgen estaba encerrada dentro del tronco de una higuera, esto entre saltos y carreras previas al paseo por la velada, campanita y para casa tempranito. En casa esperaban recién comprados los libros nuevos del cole, y los cuadernos con sus impecables páginas blancas de encantador y peculiar olor, olor que aún hoy me retrae hasta los primeros momentos de los que dispongo de memoria.

Se forraban los libros y a veces también los cuadernos, todo nuevo para estrenar, incluida la ilusión de volver a ver a tus amigos, volver a recreo, volver a ganar jugando con las canicas, con el trompo, a la una mi mula y tantas cosas tan distantes de los actuales modos de entretenimiento, abrir el cuaderno, por primera vez, e iluminarte la cara con el blanco del papel.

Cuánto han cambiado las cosas desde esos años a este de la actualidad, sin velada de la Fuensanta, estamos con los libros nuevos, con los cuadernos de papel blanco, con su característico olor a nuevo, estamos todos en silencio, con temor callado, ante la incertidumbre de lo que pueda pasar, un curso nuevo, distinto, todo antinatural.

El anuncio de la próxima vacuna, me hace preguntarme ¿no podemos esperar a diciembre?, o hay que iniciar el curso en este mismo momento, ¿no podemos perder unos meses más?, no entiendo de economía del estado, no entiendo de pandemias.

Tantas dudas, tantos recuerdos, tantos problemas sin resolver o mal resueltos, improvisadamente tapados, y nuestros hijos de por medio, solos enfrentándose inocentemente a todos estos problemas generados por los adultos, la inocencia entregada a futuro incierto.

Solo dentro de unos días veremos el resultado de esta guerra tan desigual, por un lado, la necesidad de que no se pare la máquina de la producción, por otro lado, la defensa de la vida, y en medio sin armamento, solo una mascarilla y los consejos de los padres y madres para su incierto comportamiento en el cole, ellos nuestros pequeños, nuestro futuro.

Tanto han cambiado las cosas que ya me desborda y me tapa aquellos recuerdos que proclamaba al inicio de este escrito, lo único que le pido a Dios es que el único blanco que vea con relación a los niños sea el blanco del papel.

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