El viejo costal, 💙 Opinión

Ya pasó, ¿y ahora?

Bueno, ya hemos padecido por segunda vez la carencia de estaciones de penitencia, y por segunda vez, al menos en mi vida la carencia de pasos en las calles, y sin llegar a ver guion alguno por las calles hemos cerrado nuestra Semana Grande del 2021.

He descubierto que ya no hay dolor, al menos tan fuerte como el año anterior, y aunque he vivido intensamente a través de los medios de comunicación, y de las redes sociales, consiguiendo disfrutar en la medida de lo posible, de todas las Hermandades, de sus actos, de sus veneraciones, de alguna desafortunada convocatoria, que por multitudinaria hizo fracasar por esta causa un desafortunado acto.

Viene el momento de hacer valoración de todo lo acaecido en estos singulares días, muchas han sido las hermandades que han realizado con extremada delicadeza la exposición de sus titulares al culto, propio de estos días, acercándolos a sus fieles, en una más o menos, “proximidad catequista”.

Leí por algún sitio quien decía que esta Semana Santa se debería de valorar por el número de hermanos ganados o perdidos por las distintas hermandades, valorando la calidad de sus cultos de esta forma tan directa, y que lamentablemente nunca será reflejo de la realidad.

Lo que me asusta de la realidad es la colaboración directa o indirecta de las Hermandades en la difusión del condenado virus pandémico, por mala organización o por su falta, que no se bien como clasificar el descuido presentado por algunas de ellas, para con las medidas sanitarias de esta alerta, ya que ni respetaron ni hicieron respetar las más elementales medidas de seguridad sanitaria.

La capacidad de acercarse peligrosamente a la delgada línea que separa lo seguro de lo cruel, es tan delgada, que casi nadie encuentra el final de lo uno y el principio de lo otro.

Gracias a Dios, la mayoría han sabido plantear de forma adecuada sus medios y medidas, adaptándolos a modo de procedimiento, llegando a realizar actos con cita previa, respetando aforos, desinfección y ordenando hasta extremos inusitados, cada acción, cada visita y cada acto, con responsabilidad y conciencia.

Lo que casi nadie ha resuelto es la carga social impuesta por la pandemia, ¿cómo sostenerse por otro largo año?, en la actualidad solo tienen la posibilidad de los ingresos “ordinarios”, básicamente la cuota de hermanos y poco más.

En esta labor de redescubrirse y reinventarse, lo que no se puede permitir es tratar de montar ningún circo, abandonando la posibilidad de organizar los pocos recursos disponibles, realizando con mucho tacto y cuidado extremo cada uno de los contratos y compromisos de las hermandades, y es ahí donde de verdad vamos a ver la certeza de la buena gestión de las Cofradías, el resultado económico junto al mantenimiento de las auténticas obras sociales.

Ya ha terminado el tiempo de mostrar a los ávidos cofrades pasos, enseres, Titulares, estrenos, etc. el público en general tenía muchas ganas de calle y de Semana Santa, ¿Pero, ahora?, Ahora ya ha pasado y estamos exactamente como antes, no hemos adquiridos nuevos recursos, hemos tenido gastos, si esos pequeños que casi no se notan y que tanto valen, flor, montajes, cera, incienso, y un largo etc.

Ahora estamos exactamente igual que al principio, salvo con la posibilidad de que si dentro de unos días, se disparase una nueva ola, las posibilidades de que nos culpen las hemos creado y pagado nosotros mismos.

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