Yo creo que no habrá Madrugá…

Reflexionaba en el día de ayer la compañera Esther Mª Ojeda sobre las posibilidades que en Córdoba habría de hacer una Madrugá en los tiempos recientes. Yo particularmente creo que no va a ser así, por lo menos a corto-medio plazo. Y, en el caso de que fuera posible, que mucho lo dudo, me planteo incluso si sería lo más necesario que habría que reformar en nuestra Semana Santa.

En cualquier caso muchos son los factores que creo que impiden construir una Madrugá en Córdoba. No creo que la jornada en la que actualmente tan solamente procesiona la Buena Muerte se podría consolidar de la mano de cofradías jóvenes. Recordemos que, precisamente, las pro-hermandades que se están fundando en Córdoba radican en su mayoría en barrios bien lejanos de la nueva carrera oficial y del centro de la ciudad. Por su parte, las hermandades más populares, están plenamente consolidadas en sus días habituales de salida y mucho dudo de que una sola fuera capaz de dar el paso de buscarse las habichuelas en una nueva jornada de horarios muy distintos a los habituales para estar en las calles. Imagínense ya pedirles el esfuerzo a varias… Recordemos además que, trasladarse a la Madrugá, supondría asumir, por lo menos en los comienzos, unas pérdidas de nazarenos posiblemente significativas así como asumir unos costes mayores (una banda cuesta muchísimo más en Jueves y Viernes Santo que en Domingo de Ramos, Lunes, Martes y Miércoles Santo). Y no veo yo por estos lares tanto torero.

Por lo que respecta a los nazarenos, o mucho cambia la forma de andar de nuestros cortejos y mucho la implicación de los cordobeses con sus cofradías, o nutrir las filas de los cortejos en una hipotética Madrugá se convertiría, a todas luces, en un trabajo de chinos. Ya lo hemos advertido muchas veces desde aquí: pensamos mucho en los costaleros y muy poco en los nazarenos a la hora de andar. Los parones a los que los sometemos son insoportables en la mayoría de hermandades. Y, también sabemos que, precisamente, en Córdoba la gente no se mata tristemente por salir de nazarenos. Más bien al contrario…

Y por lo que toca al público, sería muy miope obviar que, para que una Madrugá triunfe es necesario que las cofradías se vean respaldadas por la presencia del pueblo en la calle. Y esa es una empresa bien difícil con la oferta que presenta la ciudad vecina en dicha jornada. Aparte, ¿qué hacemos con la gente entre el fin del Jueves Santo y la llegada de la primera hermandad de la Madrugá? ¿Tenemos una oferta hostelera que acoja al público? Antes de que usted lo dé por hecho, considere un pequeño detalle. Córdoba es una ciudad en la que hay bares que se permiten el lujo de cerrar desde el Viernes de Dolores porque hay mucha gente en la calle… El año pasado el popular bar de perritos calientes del centro estaba cerrado a cal y canto cuando la Santa Faz pasaba justo frente a él a las intempestivas diez de la noche. Palabrita del Niño Jesús.

Por estos motivos y otros muchos, me parece que hoy día hablar de Madrugá en Córdoba es pura utopía. Es más fácil y quizá también más apremiante, reforzar el Jueves y el Viernes Santo. Dos jornadas que necesitan cofradías como el comer. La segunda lleva más de un tercio de siglo sin incorporar una hermandad nueva desde que lo hiciera la Soledad de Santiago. A lo mejor no sería mala idea avanzar en el Jueves Santo incorporando hermandades que permitieran alargar la jornada sin distinguir entre Jueves y Madrugá. Es decir, que no pasaría nada si ininterrumpidamente entraran en carrera oficial hermandades desde las siete de la tarde hasta la una de la madrugada. Es una jornada que podría prestarse para ello.